Vida indígena en comunidad y aportes para la sostenibilidad

A menudo, los desafíos de los pueblos indígenas se suelen abordar con superficialidad e intereses de actores externos. La necesidad de una perspectiva multidimensional que integre los saberes de la cultura occidental con las tradiciones de las comunidades.

 

Por Rodrigo Castells Daverede

 

Crecí en el campo y luego, parte de mi niñez, adolescencia y juventud lo pasé en una ciudad pequeña del interior de mi país. Luego, en los años de trabajo como agrónomo, me desenvolví en el ambiente rural. Ya como religioso jesuita fui destinado a trabajar en el mismo contexto en muchas misiones durante la mayor parte de los años que pertenecí a la congregación. Prácticamente mi vida ha estado ligada a comunidades o sociedades de pequeño o mediano tamaño. En la actualidad, aquí en la ribera colombiana del río Amazonas, el contexto no es diferente. Habito en una comunidad indígena Magüta de algo más de 400 habitantes, unas 50 casas.

 

Para conocer la realidad y para amarla, hay que habitarla y abrazarla. Abrazarla con todas las luces y sombras que la misma tiene. Habitarla te introduce en el cotidiano devenir de la comunidad y te hace parte de la misma. Gozas de su belleza y sufres sus tristezas. Todo mi tiempo de religioso jesuita me cuestioné mucho el hecho de que, como iglesia y también muchas otras ONGs con las que articulábamos el trabajo social, interveníamos en los territorios de las comunidades desconociendo en verdad sus dinámicas reales y cotidianas.

 

 

Siempre me hacía ruido esta forma de intervenir en los territorios, se me venía a la mente una frase en inglés que se usaba en mi juventud “touch and go”, algo así como “paso y me voy”. Nuestra presencia era de pasadita. A partir de esa superficial presencia (pero vestida de análisis profundo), se elaboraban proyectos y se definían acciones.

 

Sumado a lo anterior, se ha generalizado un modo de proceder por parte de los diversos actores que intervienen para ayudar en los territorios: elaborar sus proyectos mediante la realización de breves talleres comunitarios. En los mismos se justifica o se pretende dar garantía de que la propuesta emerge de una necesidad sentida por la comunidad. La realidad es que, en la gran mayoría de los casos, los que determinan a que van dirigidos los dineros de los proyectos, no son las personas de las comunidades y sus verdaderas necesidades, sino los financiadores de las ONGs, los estados y sus líneas políticas nacionales o trasnacionales. La Amazonía y el interés mundial que ésta despierta para nada es una excepción en esto.

 

Las ONGs, las Iglesias, los estados y la institucionalidad global, tienen intereses propios. Tienen su propia agenda. Hoy en día son palabras clave para conseguir financiamiento (¡las comunidades lo saben!): sostenibilidad, igualdad de género, mujeres, jóvenes, soberanía alimentaria y otras más. No refiero a si estos asuntos están mal o bien, o si son más o menos relevantes para la vida del planeta y los que lo habitamos. Se percibe que estos intereses legítimos se imponen a las comunidades donde se interviene con proyectos. Cuando uno vive, permanece, está en lo cotidiano de las comunidades, amanecen otras realidades o problemáticas que es imposible visualizar cuando el vínculo es desde ese “touch and go”.

 

Caminando hacia lo concreto, en la comunidad que hoy habito y las circundantes, a mi entender, amanecen dos problemas humanos muy importantes, que causan dolor, que atentan contra la posibilidad de una vida gozosa (buen vivir) en el hoy y en el mañana: las adicciones (especialmente el consumo excesivo de alcohol) y la falta de habilidades para el diálogo (chisme). Éstas dos realidades hacen un enorme daño. Condicionan de forma muy importante todos los otros procesos, formativos, de soberanía alimentaria, de igualdad de derechos, de resguardo de las infancias, educativos, religiosos y culturales.

 

 

Las dos problemáticas mencionadas no son las únicas, ni son fácilmente abordables. Pero junto con la educación, mencionada en el anterior aporte en la revista SEA, son cuestiones estructurales que afectan fuertemente a las condiciones de posibilidad de que en estos territorios se desarrollen procesos sostenibles.

 

Son problemáticas que atraviesan todas las sociedades, pero el asunto es que en estos territorios toman una fuerza inusual. También soy consciente de que para trabajar en ellos se necesita una perspectiva multidimensional, en la que se considere lo sociológico, lo psicológico, lo espiritual, lo religioso, lo cultural y lo político organizativo.

 

 

En el acervo cultural de occidente y en el de las Naciones o Pueblo Originarios de América Latina, hay saberes suficientes a partir de los cuales poder estructurar procesos para abordar estas problemáticas. En concreto, toda la espiritualidad, los usos y costumbres, y los relatos de origen de la Nación Magüta tiene como fin u horizonte el cuidar y perpetuar la vida (muy ligado al buen vivir). Excelente oportunidad para, junto con los saberes de las ciencias de occidente, dinamizar procesos y abrir espacio en los proyectos que se propongan para lograr en todos ellos impactos sobre las problemáticas mencionadas.



Sé parte del cambio Apóyanos!


Sustentabilidad en Acciones