Una voz para la Antártida

¿Puede un sector del planeta tener derechos? Antarctic Rights busca el reconocimiento del continente blanco como una entidad autónoma con derecho a tener voz en la toma de decisiones que le afectan. La Antártida y el Océano Austral son una comunidad hermosa y salvaje que es vital para la salud de la Tierra y debemos protegerla de cualquier daño.

 

Por Fiona Wilton

 

Es difícil no maravillarse al pensar en la Antártida: paisajes nevados, formaciones de hielo y aguas del Océano Austral repletas de peces y vida marina. Pero, ¿tenemos la humildad, imaginación y coraje necesarios para proteger este continente helado?

 

«Hermoso» y «magnífico» son reacciones típicas que suscitan en la gente un encuentro  o imagen de la Antártida. Sus tierras y aguas sobrecogedoras – que abarcan el 10% de la superficie de la Tierra – desempeñan un papel vital para el clima y para que florezca toda forma de vida. Su hielo actúa como un escudo, reflejando la luz solar y el calor hacia el espacio exterior. Su océano es un enorme sumidero de carbono.

 

Desde 1959, la gobernanza, la investigación científica y la protección del medio ambiente están reguladas por el Sistema del Tratado Antártico. Los 46 países firmantes, que representan alrededor del 80% de la población mundial, se han comprometido en garantizar que la Antártida «se utilice exclusivamente con fines pacíficos y no se convierta en escenario u objeto de discordia internacional». Es una triste ironía que éste sea uno de los pocos lugares del mundo actual que no está tocado por la guerra.

 

 

La imagen que evocamos, sin embargo, de una prístina sábana blanca cubierta sobre el polo sur del planeta, oculta una sombría verdad. La Antártida es un barómetro de la degradación del clima y de las economías impulsadas por el crecimiento.  Se están batiendo nuevos récords, con olas de calor de hasta 40°C por encima de la media y la disminución de las formaciones de hielo marino. Muchas actividades perjudiciales, como la quema de combustibles fósiles, surgen fuera de la zona del Tratado. Los cambios en los hábitats de la vida marina de valor comercial generan nuevas tensiones geopolíticas, y los Estados con intereses extractivos bloquean los esfuerzos de conservación, como las zonas marinas protegidas. Aumentan los aparejos de pesca abandonados, los plásticos y los cruceros para «verlo antes de que se derrita».

 

Mientras nos limitamos a ver la Antártida como un «recurso» que el ser humano puede utilizar sin reparos, un desierto helado que conquistar y fotografiar, la profanación continúa. Es hora de abordar y respetar la Antártida como un lugar vivo con capacidad de acción.

 

 

Es hora de abrir los ojos a las tonalidades azules, melocotón, rosas, doradas y verdes que se esconden en el blanco paisaje del Polo Sur; de examinar nuestra relación con la Antártida y los sistemas de gobernanza existentes; y de (re)descubrir cómo coexistir en armonía con los demás seres con los que hemos coevolucionado y de los que dependemos para la vida y el bienestar.

 

Un movimiento creciente ha lanzado un llamamiento por los Derechos de la Antártida, basado en principios para todos los seres antárticos como el derecho a existir y la libertad de ser salvaje. Inspírate.

 

Más información sobre esta iniciativa mundial en favor de los derechos de la Antártida en www.antarticrights.org



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