Un hallazgo inesperado en las profundidades del Atlántico
Entre descubrimientos científicos y desechos humanos, el fondo del mar nos devuelve un espejo.
Por: Eloisa Ponce de León
Crédito de imagen: Schmidt Ocean Institute, 2025.
El buque científico Falkor (too), del Schmidt Ocean Institute, llegó a Uruguay para continuar una serie de exploraciones que buscan revelar los secretos del Atlántico Sur. En una de sus primeras inmersiones en el Cañón del Río de la Plata, el robot submarino SuBastian descendió más de 3000 metros y transmitió imágenes en directo de un ecosistema hasta entonces inexplorado. Corales blancos, esponjas y una estrella de mar con patas articuladas —una especie desconocida para la ciencia— aparecieron ante las cámaras, mostrando un universo donde la luz no llega y la vida se adapta al silencio y la presión.
Luego de la expedición en aguas argentinas, el Falkor (too) se trasladó a Uruguay para continuar investigando las profundidades.
Si bien los científicos y científicas a cargo habían adelantado que se esperaba encontrar una gran variedad de especies, la realidad superó las expectativas. Fue realmente fascinante descubrir todo lo que existe a miles de metros de profundidad, donde la luz no llega.
Pero además de estrellas, pulpos, esponjas y más, hubo hallazgos que nadie deseaba hacer (aunque se sabía que podían aparecer): residuos.
La primera en opacar la transmisión fue una bolsa de leche encontrada los primeros días, a casi 1.000 metros de profundidad. Las reacciones de los espectadores no tardaron en llegar apenas se vio una punta del sachet, fácilmente reconocible para todos los uruguayos por su forma y por el logo de la empresa que la comercializa.
Algunas de las personas que miraban el vivo se mostraron incrédulas, deseando que no fuera un residuo. Otros expresaron indignación, tristeza y no faltaron los que se lo tomaron con humor.
Luego de la primera impresión, la conversación entre quienes asistieron al vivo por YouTube viró hacia el mismo lugar de siempre: quién o quiénes tienen la responsabilidad de que la bolsa haya llegado a ese sitio. Se hablaba de que era una mala publicidad para la empresa que comercializa la leche y que quedaron “pegados”, mientras otros decían que los humanos somos “unos sucios” y que la culpa es de los consumidores.
La cuestión es que, mientras lo debatimos, millones de toneladas de residuos viajan por el mundo y muy pocos se preguntan: “¿Qué puedo aportar yo?”. La expedición ya terminó. ¿Habremos aprendido algo de la bolsa o es algo que ya pasó?