Un ciclo transformador

Mare significa “mar” en italiano y son las iniciales de María Andrea Ramagli Espósito, su fundadora y directora, que encuentra allí cierta conexión con los productos que su marca elabora: diferentes tipos de contenedores flexibles reutilizando silobolsas, trabajando con talleres de costura liderados por mujeres del medio rural y mujeres en situación de vulnerabilidad social, económica y territorial.

Por Marianela González

 

“Mare Sustentable” nace en 2021 de la mano de Andrea Ramagli, con el propósito de reconvertir residuos, (principalmente rurales, como la silobolsa) en productos sustentables a través del diseño. Estos productos son realizados en talleres de costura descentralizados en Uruguay, liderados por mujeres del medio rural y mujeres en situación de vulnerabilidad social, económica y territorial. En 2023 Mare recibió el Primer Premio Nacional de Ambiente Uruguay Sostenible 2023 en la categoría mipymes.

 

“Mi propósito en esta vida es hacer todo lo posible para contribuir de manera positiva al mundo donde vivo, siendo empática, solidaria y justa con las personas que me rodean y cuidando la tierra que habito”, señala Andrea.

 

¿Los productos que vende Mare son reciclados?

Trabajamos a partir de residuos que no pasan por ningún proceso tecnológico, por eso no reciclamos sino que reconvertimos. Tomamos un residuo de un material que estaba destinado para otra cosa -en este caso para guardar el alimento del ganado, como la silobolsa-, lo lavamos y lo usamos tal cual está para otro fin. Esa es la materia prima que más usamos. Para confeccionar los productos, le agregamos accesorios que por ahora no son reciclados, ya que no hemos encontrado el proceso adecuado para tenerlos.

 

¿Quiénes compran sus productos?

La principal línea de negocio es la corporativa. Ofrecemos el servicio de diseño de producto y lo confeccionamos a medida para la empresa, que nos compra para sus eventos, regalos empresariales o para sus empleados. Se fabrican a partir de los residuos que nos dan. Las posibilidades son infinitas y hemos confeccionado por ejemplo, mochilas para escolares, fundas para ropa, camperas. También tenemos una línea que va al consumidor final y se vende a través de nuestro e-commerce y redes sociales.

 

¿Hay que sacrificar diseño por sustentabilidad?

Un poco sí. El gran desafío de Mare y parte de mi propósito cuando empecé era que quería hacer productos que tuvieran buen diseño a partir de materiales reutilizados como la silobolsa, lo cual nos dio mucho trabajo porque no es lo mismo coser plástico que tela. También es una inversión y gracias a los fondos que obtuve, trabajé el diseño de producto y el posicionamiento de la marca con dos diseñadoras. Soy licenciada en Comunicación y Marketing, para mí la parte visual es vital y tenía que ser un producto que a mí me encantara y quisiera usar todo el día. Creo que superamos el desafío y estamos bien posicionados en diseño, terminaciones y calidad.

 

 

¿Se puede ser competitivo a largo plazo creando un producto en Uruguay?

Es el mayor desafío de todos los que hacemos este tipo de productos, porque no podemos competir -en el caso de Mare, nuestro fuerte son los regalos empresariales para eventos- con lo que viene de China, por ejemplo. O con la producción masiva de bolsas de TNT o de cartón. Entonces me ha generado barreras, ya que las empresas quieren, pero cuando hacen los números no van por esta opción. Lo sustentable es más caro y aunque el material nuestro sea un residuo y nos lo den los productores, tiene un costo de flete, lavado, manipulación y es más caro que comprarlo nuevo. Además, cada producto se hace a mano.

 

¿Hay incentivos para que las empresas inviertan en productos sustentables?

Aún no hay beneficios tributarios, así que la motivación viene de cada empresa. Comprando a una empresa como la nuestra, están indirectamente apoyando la sustentabilidad y a la generación de empleo.

 

¿Cuál es el futuro deseado para Mare?

Mare creció muy rápido en poco tiempo. El siguiente paso es tener más talleres que ofrezcan empleo a las mujeres rurales en situación vulnerable y tener más empresas que nos compren, porque sino no podemos sacar residuos ni generar empleo. Me llaman mujeres rurales que quieren trabajar. Me llaman productores que quieren darnos las silobolsas. Y nosotros tenemos  muchas ideas.

 

¿Qué es lo que más te enorgullece de Mare?

Hay algo anecdótico. Mare surge en pandemia, cuando me instalo mucho tiempo en el campo donde trabaja mi marido y me encuentro con los residuos. Entonces pensé: con esto tenemos que hacer algo, o sea que empezó por un tema ambiental. Yo no estudié nada vinculado a la temática, es algo que me sale natural, soy de las que caminan en la playa y recoge todas las basuras que hay. Pero después cuando empecé a hacer prototipos y muestras con el material, conocí a la primera costurera de Mare, Sandra de Cerro Colorado y vi la necesidad de las mujeres rurales y mujeres en situación vulnerable, ya sea económica, social o territorial, de tener una fuente de empleo en su casa. Y me di cuenta de que la mayoría de las mujeres especialmente en medio rural saben coser o tienen una máquina y que había oportunidad de generar empleo en ese sector. Me enorgullece haber encontrado esa necesidad y hacer algo al respecto. Además aprendí muchísimo y conocí mujeres maravillosas que hacen cosas increíbles y pudieron mejorar y explotar su habilidad con la costura y haciéndolo desde su casa. Se creó un vínculo del que estoy sumamente agradecida.

 

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