Trabajar al límite

Sin información fiable sobre la crisis planetaria, ¿cómo haremos para superarla? Los periodistas ambientales: entre la pasión, el deber y el riesgo. Experiencias y perspectivas de reporteros en América Latina.

 

Por Lucía Tornero

 

Muchos periodistas estarán de acuerdo en que dicha profesión no es solo un trabajo, es un estilo de vida, una forma de ser. “Soy periodista” en lugar de “trabajo de periodista”, porque es un oficio que no da descanso. Se es periodista 24/7…las historias nos rodean, están por doquier. Y cuando se trata de periodismo ambiental, las crecientes amenazas planetarias y sus causas han convertido a la profesión en una disciplina crucial que no deja de enfrentar graves riesgos, tan o más graves que los peligros sobre los cuales reporta.

 

En mayo de este año se publicó un informe de UNESCO que reveló que “el 70% de los periodistas ambientales han sido agredidos por su trabajo”. La publicación advierte del aumento de la violencia y la intimidación contra los periodistas que informan sobre el ambiente y, especialmente, el cambio climático. “Al menos 749 periodistas o medios de comunicación que informaban sobre cuestiones ambientales han sufrido agresiones en los últimos 15 años”, señala.

 

El informe denuncia desde asesinatos, agresiones físicas, detenciones y arrestos, acoso en línea o acciones legales en el período 2009-2023. También se subraya que se trata de un problema global, ya que esas agresiones sucedieron en 89 países de todas las regiones del mundo.

 

Olga Guerrero no es ajena a este tipo de prácticas violentas, ya que las ha padecido en carne propia. Periodista colombiana especializada en ecología y ambiente, investigadora sobre biodiversidad, cambio climático y conflictos socioambientales, es autora de la Agenda Ambiental de Boyacá y este año fundó la revista digital redprensaverde.org.

 

Olga Guerrero. Periodista colombiana. especializada en ecología, recursos naturales y educación ambiental. Fundadora de Red Prensa Verde.

 

“Una de las experiencias más fuertes ocurrió cuando fui retenida por paramilitares en un lugar recóndito. Sobreviví y me quedó la lección como periodista para toda la vida (sobre todo en Colombia): hay que conocer muy bien la geografía, la hidrografía y la situación sociopolítica de las regiones donde se reportea, no puedes salir a trabajar sin medir los peligros. Hubo tortura psicológica, agresiones, un disparo y seguimientos posteriores. Fue muy fuerte, solo se podía callar porque si contaba lo ocurrido mi familia estaba amenazada. Hay muchas historias sobre esto que me ayudaron a formar sobre lo que es ser reportera en uno de los países más maravillosos y biodiversos del planeta, pero a la vez con mucha violencia”.

 

En aquel país, como en muchos otros de América Latina y también del resto del mundo, uno de los mayores riesgos para los periodistas ambientales tiene que ver con la violencia que puedan ejercer grupos armados en zonas marginales al control del Estado. “Las mafias que han ido ocupando territorios y ejercen control: los deforestadores, los traficantes de fauna (mar y continente), el narcotráfico. Otro riesgo es no poder reportear bien una historia porque no encuentras fuentes que quieran contar la verdad por miedo”, agrega.

 

La experiencia de Hernán Sorhuet, periodista y educador ambiental de Uruguay, por fortuna ha sido muy diferente. Considera que no ha sido expuesto a riesgos significativos, pero sí a presiones indirectas. Sin embargo, sabe con claridad los peligros que enfrentan muchos de sus colegas y explica los motivos: “Porque los temas ambientales, sin excepción, involucran o afectan intereses económicos, políticos, sociales. A veces de muy bajo impacto, pero otras, tan alto que el riesgo de vida es real. Descendiendo un nivel, hay que recordar que el periodista que cumple su labor a conciencia, siempre molestará o irritará a personas, a determinados colectivos o intereses. Es inevitable”, desarrolla el también profesor de Ciencias Biológicas, quien dice que por el año 1981, cuando egresó, lo ambiental era un tema “raro”, sólo vinculado a catástrofes como derrames petroleros, accidentes de plantas nucleares o químicas, deforestación de la amazonía, debilitamiento de la capa de ozono, etc. Sin embargo ya había un determinado número de personas (se incluye) que consideraban que lo ambiental era todo; no dejaba nada fuera. “Hasta el día de hoy me sigue sorprendiendo que El País de Uruguay me haya dado esta enorme oportunidad y que la mantenga hasta el presente”, dice.

 

Hernán Sorhuet. Periodista ambiental uruguayo. Columnista diario EL PAIS de Montevideo

 

Su colega, Gonzalo Sobral, coincide en que la situación en Uruguay es distinta a otras zonas, donde quienes cubren los temas ambientales ponen en riesgo su vida muchas veces para hacerlo. “Aquí no pasa más de alguna negativa a dar entrevistas o alguna salida destemplada posterior a haber publicado algo de alguno de los involucrados que no te quiso dar esta entrevista, diciendo que eso es falso, que no lo convocaste para hacerlo o demás”, explica este profesional que ha trabajado con Radio El Espectador de Montevideo, además de haber tenido un programa sobre temas ambientales llamado “El Ambiente en el Medio” en NSTV de Montevideo.

 

Gonzalo Sobral. Periodista ambiental uruguayo. Docente universitario.

 

“En Argentina, por suerte, los riesgos físicos para los periodistas ambientales no suceden”, señala por su lado Laura Rocha, Presidenta de Periodistas por el Planeta. “Pero sí claramente te sentís presionada, como por lo menos yo me sentí cuando escribo más que nada sobre industrias extractivas, es decir, minería o industria petrolera, o alguna de las actividades que perjudican a comunidades”.

 

Los riesgos ocultos

Existen otros factores “menos visibles” que también pueden afectar con gran impacto la labor periodística en el campo ambiental. Por un lado, la formación profesional. “Los temas ambientales cada vez se vuelven más complejos, y si uno no se forma y desarrolla una mirada crítica, posiblemente lo que termina haciendo es repetir lo que dicen las partes involucradas, pero no con una capacidad importante de discernimiento de lo que allí sucede”, considera Gonzalo.

 

Olga coincide y aconseja a los futuros periodistas: “Les diría que se formen cada día en el mundo de la ecología y el ambiente. Toca ser autodidactas porque no hay mucha formación en estos asuntos. Lean, estudien los temas a partir de mapas y comparen en campo. Ahora todo es más fácil, antes nos tocaba con libros y enciclopedias y lo poco que se publicaba en las universidades entendiendo el lenguaje técnico”.

 

El otro riesgo del periodista ambiental es quizás uno de los más dolorosos para un profesional: la censura. Los periodistas pueden enfrentar censura directa de sus gobiernos, de las corporaciones a las que investigan e incluso de los propios medios para los que trabajan. En algunos casos, los gobiernos imponen restricciones a la información, limitando el acceso a datos críticos sobre el ambiente. Esta falta de transparencia dificulta el trabajo de los periodistas y su capacidad para informar al público sobre temas ambientales urgentes.

 

Laura no ha sufrido censura directamente. Sin embargo, no le permitieron publicar una nota tal cual ella quería que saliera. “No la firmé”, dice contundente. “Esa es mi solución. Para mí una de las cosas más importantes que tiene el periodista es su nombre y creo que no prestarse a los cambios con los que uno no está de acuerdo, es una manera de defendernos”, agrega y reflexiona sobre el actual contexto político de su país. “No tiene que ver solamente con una ley (por la ley base), sino con el concepto que tiene del periodismo esta nueva gestión que nos ve como ensobrados a cualquier periodista que pueda presentar una duda o una pregunta o algo que al poder no le guste. Entonces lamentablemente tiene que ver con la visión desde la gestión pública, desde esta administración”, suma.

 

Laura Rocha. Periodista argentina de larga trayectoria. Presidenta de Periodistas por el Planeta.

 

“Cualquier tema en el cual esté involucrado el periodismo y pueda estar molestando a algún grupo que detente cierto poder o tenga ganas de que eso no se comunique, siempre hay riesgos asociados. Y el mayor riesgo es que el periodista frente a eso se asuste y lo que esté entregando no es todo lo disponible, sino aquello que crea que no genere problemas. Entonces ahí estamos haciendo un mal trabajo respecto al público, hacia el que nos debemos, para el cual trabajamos”, sostiene Gonzalo introduciendo otra de las formas que adopta la censura: la autoimpuesta, que puede volverse común cuando los periodistas temen por su seguridad o enfrentan presiones legales y económicas, resultando en coberturas limitadas o sesgadas, lo que a su vez afecta la conciencia pública y la capacidad de los ciudadanos para tomar decisiones informadas.

 

Una necesidad: la protección

¿Existen mecanismos a los que pueden apelar los periodistas ambientales para protegerse? En el caso colombiano, según Olga, se debería volver a tener “la figura del periodismo como profesión de ‘alto riesgo’, para quienes hacen coberturas ambientales en zonas de conflicto”. Esto para que haya medidas legales y de protección en caso de amenazas o riesgos en la seguridad de los reporteros.

 

De por sí, la tarea periodística coloca a sus profesionales en una situación de fragilidad. “Porque los intereses que se ´tocan´ a diario se negocian y resuelven de diferentes maneras”, indica Hernán. “No creo que falte una legislación especial para los periodistas ambientales, ni siquiera que sea necesaria. En todo caso, ingresando en el terreno político de este país, aspiro a que en el corto plazo se logre una mayor concientización del sector político y de los grandes tomadores de decisiones, del valor y la importancia que tiene implantar un modelo de desarrollo sustentable, es decir, el balance entre el crecimiento económico, la protección ambiental y la equidad social, para que la cobertura y las opiniones habituales del periodista ambiental estén en sintonía con ellos en los temas de fondo. Desde luego no digo coincidencia en todo”, considera, enfatizando la aspiración de concretar una ciudadanía ambiental generalizada.

 

Laura en cambio hace referencia al acuerdo de Escazú: “Además de que es un acuerdo latinoamericano, es el primero de su tipo y funciona para el acceso a la información pública ambiental y también para los defensores ambientales que tienen un rol central. Me parece que nosotros tenemos muchas leyes que nos protegen, pero bueno, no necesariamente el poder judicial es el poder más independiente de todos en nuestro país”, en relación a Argentina.

 

El futuro del periodismo ambiental

 

¿Deberíamos hacer la distinción entre periodismo y periodismo ambiental? Hernán sostiene enfáticamente que no. “Creemos que el apellido ´ambiental´ debería desaparecer pronto por ser redundante. Los desafíos ambientales locales e internacionales son tan grandes que necesitan de un sector periodístico bien preparado para satisfacer las necesidades de la sociedad. La explosión de las redes nos inunda con un tsunami de ´información´ en cualquiera de los temas. Pero, en esa ensalada informativa puede resultar muy difícil distinguir lo falso de lo verdadero, lo confiable de lo otro. Ahí es donde el periodista ambiental, bien formado e informado, cumple un papel insustituible. Cómo nunca antes el valor superior es la confianza”, afirma.

 

“En general creo que todos los periodistas estamos en una situación compleja. En Argentina, en América Latina y en el mundo, el periodismo en general también está cambiando y por supuesto para los periodistas ambientales también”, reflexiona Laura.

 

Olga, con una resiliencia tal vez motivada por la pasión y el amor a la profesión, siempre buscó salir adelante”. Hace un llamado a futuros periodistas a no desfallecer. “Ahora más que nunca el planeta los necesita trabajando. La gente vulnerable requiere a reporteros en los territorios olvidados. Lo que ocurre en la Amazonia, los océanos, los demás ecosistemas impactados por el narcotráfico, la deforestación, la minería, el tráfico de fauna, el hambre, la corrupción en los entes ambientales, debe ser cubierto”, insiste. “Que el periodismo sea para servir a la gente y a la conservación de los ecosistemas. Que sueñen las historias, que trabajen en su realización y cuando las hagan, vuelen alto buscando más historias”.



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