Todo previsto para sostener la vida

Todo previsto para sostener la vida

Cada bioma es un todo completo y abierto.

 

Por Rodrigo Castells Daverede

 

En continuidad con los últimos artículos compartiré una convicción que anima el caminar de muchos de los que buscamos la sostenibilidad de la vida: en cada bioma existen todos los recursos necesarios para sostener la vida que en ellos se desarrolla. Si bien este concepto emerge de la experiencia, frecuentemente no lo tenemos presente al momento de planificar y desarrollar nuestras actividades.

 

En los años que he compartido en biomas como el Parque Chaqueño o la Selva Amazónica, los pobladores locales han mostrado poseer un conocimiento profundo de los seres vivos que habitan su entorno. En el mismo, ellos encuentran su alimento y sus medicinas a partir de un sistema de conocimiento y prácticas culturales y espirituales. Suelen tener conciencia de un entorno abundante en el cual está todo lo necesario para sostener la vida.

 

Ciertamente, esta experiencia de la abundancia se deteriora en la medida que penetra en los territorios la cultura del consumo. La cultura occidental capitalista, se estructura entre otros paradigmas, en la experiencia de la escasez, de la necesidad, de la insatisfacción estructural y vital. La cultura de consumo, tiene como dinámica, generar necesidades nuevas que demandan a los sujetos una búsqueda constante de recursos y conocimientos que no se encuentran en su territorio, en su entorno o bioma. Poco a poco se deja de percibir al bioma o el territorio propio como rico y suficiente donde hay todo lo necesario para vivir. Como consecuencia de la dinámica anterior, acontece que se desechan u olvidan los propios sistemas de conocimiento y el valor de los recursos que se encuentran en el propio contexto vital o territorio (alimentos, medicinas, espiritualidad, prácticas culturales, etc).

 

No estamos hablando aquí de una experiencia mística, romántica o idealizada de los territorios y la interacción con la vida que los habita y con las necesidades que emergen para sostenerla. Los pobladores, insertos en un mundo que ofrece otras oportunidades, sin dudas deberán buscar fuera del propio territorio y bioma algunos alimentos, materiales y conocimientos para “sostener y hacer crecer la vida” (recordar este elemento central de la espiritualidad de los Magüta o Tikuna).

 

Así como podemos afirmar que en cada bioma hay todo lo necesario para sostener la vida, también es cierto que los biomas se mantienen abiertos a las interacciones con otros biomas. El planeta es uno solo. Siendo cada bioma un organismo vivo en sí mismo, también lo es el planeta. Por ello, los biomas y quienes los habitamos, estamos en constante interacción. Si bien en nuestro entorno disponemos de lo necesario para sostener la vida, recibimos y entregamos aportes de aquellos otros con los que interactuamos.

 

Entonces, uno de los aspectos que pervierte el destino que los seres vivos tenemos entre nosotros como comunidad de vida, no necesariamente es el hecho de que traigamos o trasvasemos elementos de unos biomas o culturas a otras, sino la dinámica interna que lo provoca: ¿experimento la existencia desde la escasez o desde la abundancia? ¿Desde la presencia y providencia trascendente o desde la falta y ausencia? No hay absolutos, pero en la proporción en que vivamos la respuesta a estas preguntas, se jugará en buena parte la esperanza, la paz y la sostenibilidad con que vivamos nuestro compromiso por la vida.

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