“Sí, se debe”

“Sí, se debe”

Por: Andrés Cikato

En discapacidad y educación inclusiva, las palabras importan. Durante años, la frase “Sí, se puede” funcionó como emblema: un mensaje positivo, optimista y aparentemente alentador. Pero esa misma frase esconde una trampa. Desplaza la responsabilidad hacia quienes menos deben llevarla. Les exige demostrar capacidad, esfuerzo y mérito. Les pide a ellos y a ellas lo que, en realidad, se debe exigir al sistema.

Porque las personas con discapacidad pueden. Lo demuestran cada día en aulas donde participan, preguntan, aprenden y aportan cuando las condiciones lo permiten. Lo demuestran cada vez que una familia encuentra un espacio donde su hijo o hija es tratado como estudiante y no como excepción. Lo demuestran en centros educativos comunes que abren sus puertas, se forman y se adaptan para garantizar lo que es un derecho.

La inclusión educativa no fracasa por falta de capacidad en los estudiantes. Fracasa cuando falta accesibilidad, formación docente, apoyos adecuados, liderazgo institucional y decisiones políticas sostenidas. Fracasa cuando se confunde voluntad con obligación. Cuando se cree que incluir es un gesto voluntario y no un deber legal, ético y social.

Por eso, el debate debe cambiar de eje. No alcanza con afirmar que “se puede”. El punto es que se debe. Se debe asegurar la presencia, participación y aprendizaje de todos y todas los estudiantes. Se deben construir escuelas accesibles. Se deben ajustar prácticas pedagógicas y criterios de evaluación. Se deben remover barreras culturales que aún naturalizan la exclusión.

La inclusión no es un ideal aspiracional ni un proyecto “bonito”. Es una responsabilidad colectiva. Es uno de los estándares que un país se fija para medir su justicia, su madurez democrática y la calidad moral de las personas que lo conforman.

Post a Comment