Reurbanización y cambio climático
El laboratorio urbano que transformó el Barrio 20 en la ciudad de Buenos Aires, sumando la dimensión ambiental al proyecto y demostrando que la adaptación y mitigación pueden integrarse a la planificación urbana.
Por Jorgelina Hardoy y Florencia Almansi
Existen pocos estudios sobre cómo integrar la adaptación y mitigación del cambio climático en los procesos de reurbanización de barrios informales. El cambio climático amplifica los riesgos urbanos y afecta a sectores vulnerables que no han tenido responsabilidad en la generación de la crisis climática. Dado que el mejoramiento de los asentamientos informales suele producirse sin prestar especial atención a los riesgos climáticos y la resiliencia, las comunidades locales, los profesionales y tomadores de decisión disponen de pocos ejemplos accesibles sobre cómo integrar la acción climática en los procesos de reurbanización integral.
Hasta hace poco, era el caso del Barrio 20, un asentamiento informal en Buenos Aires con 30.000 habitantes, inició en 2016 un proceso participativo de reurbanización con soluciones convencionales. En 2021, se creó el Laboratorio Urbano (LU) dentro del proyecto Transformative Urban Coalitions (TUC), integrando la acción climática con la justicia social y las desigualdades urbanas. ¿Qué son los laboratorios urbanos? Son espacios de política pública que fomentan la co-creación de soluciones urbanas con participación de diversos actores.
El LU se integró a las Mesas de Gestión Ambiental, evitando la duplicación de esfuerzos y sumando la dimensión climática a la reurbanización en marcha. Convencer a los actores locales de incluir el cambio climático en la agenda fue un desafío, dado que las preocupaciones inmediatas eran pobreza, empleo y vivienda. Sin embargo, el trabajo previo en diseño participativo y la confianza con la comunidad facilitaron el proceso.
En lugar de hablar de problemas abstractos, se vincularon los desafíos climáticos con la vida cotidiana. Se priorizaron soluciones que abordaran múltiples problemas a la vez, como mejorar la calidad del aire y reducir la vulnerabilidad ante olas de calor. Durante los primeros meses, reuniones con actores clave permitieron integrar el LU a la estructura participativa existente. Posteriormente, se establecieron encuentros mensuales, sumando nuevos actores, como equipos del gobierno, ONGs y profesionales.
Entre 2022 y 2023, se implementaron cinco proyectos catalíticos con intervenciones de diversa complejidad: Adecuación de pasajes en Manzana 20 y 29; Intervenciones menores en Pasaje Teresa Rodríguez y Pasaje Estela Carrizo; Obras mayores en Plaza Las Risas y Escuela N°11.
Se priorizaron soluciones basadas en la naturaleza (SbN) como jardínes de lluvia, vegetación nativa, estructuras de sombra y superficies permeables. Todas las intervenciones fueron co-diseñadas con la comunidad, validadas y ejecutadas por cooperativas barriales. Además, se implementaron iniciativas de sensibilización, monitoreo y capacitación, como huertas urbanas, un circuito ambiental y un sistema de monitoreo de temperatura.
El sistema de monitoreo, el primero en su tipo en Barrio 20, mide temperatura y humedad para visibilizar desigualdades urbanas y mejorar la planificación climática. Gestionado por el LU, el gobierno local y promotores ambientales comunitarios, utiliza 10 sensores ubicados en puntos estratégicos, cuyos datos se analizan y comparan con registros del Servicio Meteorológico Nacional.
El impacto del proyecto es tangible. Más del 70% de los hogares beneficiados reportaron mejoras en calidad de vida, sombra y temperatura. Las intervenciones fortalecieron vínculos comunitarios, generaron empleo y promovieron la ciencia ciudadana. TUC demostró que la acción climática puede integrarse a la reurbanización, beneficiando a todos y sentando un precedente para replicar en otras ciudades de la región.





