Puskano Alfombras: tejiendo sueños, preservando tradiciones
Puskano es mucho más que alfombras hechas a mano: es una historia de resiliencia, comunidad y amor por las raíces.
Por: Jimena Cornejo
Puskano Alfombras nació hace 23 años, en medio de una Argentina en crisis, y en uno de los momentos más difíciles de mi vida: la enfermedad de mi madre. Puedo decir, sin exagerar, que de ese dolor y confusión brotó algo bueno, algo que ha perdurado en el tiempo, y sigue creciendo.
Fabricamos alfombras hechas a mano en telares de peine, con una técnica milenaria que se ha transmitido de padres a hijos durante más de 10.000 años. Tejemos exclusivamente con pura lana de oveja y llama, logrando un nivel de calidad y profesionalismo que nos ha permitido ser competitivos, confiables y sostener un crecimiento constante.
Este sueño, que comenzó en los pasillos de un hospital, hoy nos encuentra fabricando alfombras en Salta, mi provincia natal, para clientes de todo el mundo.
Salta es un rincón del norte argentino de gran belleza natural y cultural, donde los tejidos forman parte de la vida cotidiana: ponchos para abrigarse, mantas, peleros para las monturas de los caballos. En algunos pueblos, esta tradición sigue viva: los hombres tejen en telar, mientras, que las mujeres «componen», es decir, realizan las terminaciones y flecos, sobre todo en el emblemático poncho salteño.
Soy Ingeniera Agrónoma, y jamás hubiera imaginado que mi camino profesional estaría tan estrechamente ligado al textil. Mi primer tejedor fue Bruno López, oriundo de Luracatao. Él me contó que tejía ponchos, y juntos comenzamos la aventura de buscar lana hilada a mano, recorriendo los Valles Calchaquíes en busca de hilanderas. El poncho salteño, por excelencia, se hila a mano, y esa misma lana fue el inicio de todo.
Con el tiempo descubrimos que lo que más nos pedían eran alfombras a medida, y decidimos apostar por ese camino. Esa elección fue clave para el crecimiento de Puskano.
Los hijos de Bruno también se sumaron al equipo, dejando atrás la construcción para dedicarse de lleno al tejido. Con la ayuda de un carpintero, construimos nuestros primeros telares y hasta los peines los fabricábamos con rayos de bicicleta.
Años después, este grupo de tejedores, y yo conformamos la cooperativa de trabajo social, “San Antonio Claret”. Con el apoyo incondicional de nuestros clientes, aprendimos sobre calidad, terminaciones y cumplimiento de tiempos de entrega. Nos enorgullece la técnica de nuestros tejedores, que permite interpretar casi cualquier diseño. La lana, en sus manos, se transforma en arte; es como pintar con hilos.
Hoy, somos una fábrica de alfombras hechas a mano, trabajando exclusivamente a pedido. Nuestro trabajo es reconocido, y nos ha permitido no solo progresar económicamente, sino también conservar un legado ancestral. Gracias a esta labor, nuestros tejedores y sus familias viven con dignidad, y muchos de sus hijos han accedido a estudios universitarios.
Desde Puskano, tejemos más que alfombras: aportamos nuestro granito de arena para construir un entorno más justo, preservando nuestras raíces y haciendo de este lugar en el mundo un espacio mejor.