Proteger la naturaleza otorgándole valor económico

Sabemos lo que aportan los servicios ecosistémicos al planeta y a las personas. Y aún así, continuamos con un modelo extractivista que supone infinidad de recursos. Pero, ¿qué sucedería si se cuantifica de manera económica el valor de esos servicios?

 

Por Nicolás Xanthopoulos, Coordinador Nacional BIOFIN Argentina

 

La economía nos hizo creer que un bosque es madera extraíble. Todos entendemos que la madera se compra, se vende y genera ganancias que llevan a que los bosques se talen, y los ecosistemas se destruyan. Esto sucede porque tiene un valor y un precio en el mercado.

 

Ese mismo bosque puede también brindarnos un paseo memorable, una noche alucinante de camping, o incluso ofrecernos servicios tan básicos y esenciales que permiten nuestra vida, como la producción de oxígeno, la regulación de gases y del clima, entre tantos otros.

 

Muchos de los servicios ecosistémicos de la naturaleza tienen un valor fundamental que no estamos pudiendo cuantificar adecuadamente. El problema es que, si no los cuantificamos y valoramos económicamente, los bosques seguirán siendo talados y seguiremos perdiendo sus servicios más esenciales. Por lo contrario, si comenzáramos a cuantificar su valor en términos económicos, podríamos cambiar nuestro comportamiento y preguntarnos si realmente conviene vender la madera o quedarnos con los servicios de un bosque íntegro.

 

Más allá del valor intrínseco, invaluable e infinito de la naturaleza, que hace posible la vida y por supuesto cualquier actividad, la economía global depende en gran medida del funcionamiento de los ecosistemas para proveer alimentos, combustibles, agua, recursos naturales, regular el clima, la calidad del aire y muchos otros insumos y servicios esenciales. Según un informe del World Economic Forum, 44 billones de dólares de generación de valor económico (más de la mitad del PBI mundial) depende moderada o altamente de forma directa de la naturaleza y sus servicios, y por lo tanto también están expuestos a la pérdida de esta.

 

Por estos motivos, necesitamos urgentemente un cambio global en el paradigma económico para otorgar el verdadero valor que tiene la naturaleza e impulsar transformaciones en el comportamiento de las personas y las instituciones. Lamentablemente, aún la economía no lo está contemplando adecuadamente, sin embargo, se están realizando cada vez más esfuerzos en este sentido, como el informe de La riqueza cambiante de las naciones del Banco Mundial (2021), por el cual se amplía el concepto de riqueza de los países incorporando el conjunto de activos naturales y humanos, que a su vez se convierten a valores monetarios.

 

En una dirección similar, la Administración de Parques Nacionales (APN) de Argentina aplicó una metodología científica de valoración económica de los servicios ecosistémicos (regulación de gases, regulación de clima, regulación de disturbios, suministro de agua, formación de suelos, ciclado de nutrientes, control de erosión, tratamiento de residuos, polinización, control biológico, producción de alimentos, refugio y hábitat, turismo y recreación, cultura, materiales crudos) a las hectáreas con superficie protegida del país. Los resultados son sorprendentes, ya que la estimación concluyó que los servicios ecosistémicos de las superficies protegidas de la jurisdicción nacional representan casi 24 mil millones de dólares anuales (específicamente, unos USD 23.933.300.386), lo que equivaldría a 3,8% del PBI de 2022, que no estarían siendo contemplados por el sistema de cuentas nacionales, ni tampoco estarían siendo monetizados de manera alguna.

 

¿Cuán rico sería nuestro país si comenzamos a aplicar metodologías de este estilo en las cuentas públicas nacionales? ¿Y si las aplicamos a las hectáreas totales de nuestras ecorregiones?

Cada vez existen más instrumentos financieros innovadores que valoran los servicios ecosistémicos de activos naturales, logrando que se compren y vendan (los servicios, no los activos) para que de esa manera tengamos cada vez más incentivos a protegerlos y conservarlos. Algunos ejemplos son los conocidos bonos de carbono, pero comienzan a afianzarse los créditos de biodiversidad, entre muchos otros.

¿Seguiríamos incentivando prácticas productivas extractivas insostenibles si pudiéramos valorar adecuadamente y obtener recursos de los servicios ecosistémicos que nos brindan?

 

Para continuar el debate, los invitamos a descargar y leer los siguientes informes realizados por BIOFIN (PNUD):

Informe de Revisión de Política e Institucional (PIR)

El Informe de Revisión de Política e Institucional (PIR) analiza la relación entre el estado de la naturaleza y el marco fiscal, económico, legal, normativo e institucional de nuestro país y en particular de las provincias de Chaco y Misiones.

Informe de Revisión de Gastos e Inversión en Biodiversidad (BER)

El Informe de Revisión de Gastos e Inversión en Biodiversidad (BER) se propone generar información valiosa sobre presupuestos y asignaciones a favor de la biodiversidad, para promover mejores políticas, financiamiento y resultados a favor de esta. Se analiza tanto a nivel nacional como subnacional, específicamente en las provincias de Chaco y Misiones.

Brochure Informes de Revisión Política
Un resumen institucional de los informes anteriores en versión editorial.

Ver más en en undp.org/es/argentina y en redes sociales @PNUDArgentina

Las opiniones, designaciones y recomendaciones que se presentan en este documento no reflejan necesariamente la posición oficial del PNUD.

 



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