¿Por qué es importante que las políticas ambientales trasciendan las gestiones?

Las políticas ambientales deben trascender las gestiones de turno gubernamentales. Estamos en un momento histórico que nos pone a prueba y que exige acciones decisivas y continuas.

 

Por Augusto Zampini

Las políticas ambientales intentan dar respuesta a las múltiples crisis interconectadas en relación con el deterioro ecológico que afecta la vida de personas concretas; y cuanto más vulnerables más les afecta. Para afrontar esta situación y frenar el espiral autodestructivo, en 2015, como comunidad de naciones, decidimos emprender el camino de un desarrollo sostenible. Pero este sendero requiere de decisiones colectivas y jurídicas que respondan a la realidad regional y cultural local. Para convencernos a nosotros mismos sobre la conveniencia -y la necesidad- de que las políticas ambientales deben trascender gestiones particulares, podríamos remitirnos a tres claves: una conceptual, otra de diseño, y una de implementación.

 

 

Una clave del concepto de sostenibilidad es su carácter intergeneracional. Según el Informe Brundtland de 1987, realizado para las Naciones Unidas por una comisión de expertos y que luego adoptaron muchas naciones, el desarrollo sostenible es el que “satisface las necesidades de la generación presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras”. Por lo tanto, como señala el Papa Francisco en Laudato Si’ (n. 159), cuando las políticas ambientales atienden “las necesidades de las generaciones actuales incluyendo a todos”, comprendiendo a las próximas generaciones, logran vincular la normativa específica con la libertad y la justicia. En efecto, una política ambiental que tiene en cuenta la lógica de la recepción (recibimos la tierra de generaciones anteriores para transmitirla a las futuras), está más capacitada para realizar la difícil conexión entre la necesidad que tenemos de explotar la tierra y sus recursos para desarrollarnos hoy, con el deber de protegerla y asegurar su fertilidad para el mañana. Ejercitar la libertad para el desarrollo garantizando la libertad de quienes nos sucederán, será justicia. Las políticas ambientales que consideran estos valores éticos profundamente humanos podrán trascender la coyuntura. Aún en economía, la pregunta por el “valor” está resurgiendo. Harold Hotelling se planteaba en 1931 sobre si es posible crecer económicamente con una explotación rápida y no regulada de los valiosos bienes no renovables, cuyo precio debería incluir la necesidad y demanda futura de ese bien. Economistas actuales de renombre como Marianna Mazzucato están aportando elementos que pueden ayudar a que las políticas ambientales-económicas respondan a una renovada teoría del valor, que ayudaría a que trasciendan más de una gestión.

 

Una clave del diseño de cualquier política pública profunda (como las ambientales) es su propuesta a “largo plazo” y un consenso amplio. La ausencia de diálogos y consensos significa la claudicación del bien común y el exacerbamiento de los intereses particulares, en donde en lugar de conversaciones hay imposiciones, y en lugar de acuerdos inclusivos y sostenibles hay una lógica de parcialismos y cortoplacismos; estas políticas quedan enfrascadas en una gestión particular. De allí que, como dice el Papa Francisco (Fratelli Tutti, 202) “los héroes del futuro serán los que sepan romper esa lógica enfermiza” e ir “más allá de las conveniencias personales”. Estos héroes dialoguistas son quienes podrán redactar e implementar políticas ambientales que trasciendan la dimensión utilitaria a corto plazo y se centren en una dimensión sobre el sentido de la vida y de la sociedad, que incluye a quienes nos sucederán. Sin embargo, aún con buenas políticas surgidas de consensos, cargadas de sentido, y con mirada en el largo plazo, se requiere creatividad en su implementación.

 

Una clave para la implementación de las políticas ambientales es la propuesta de cambios en modos de vivir y convivir. No alcanza con el lenguaje de conservación de recursos, mitigación de los daños del cambio climático, preservación de la biodiversidad o conceptos de desarrollo sostenible. Necesitamos aceptar que las políticas ambientales necesariamente proponen cambios profundos de hábitos personales y sociales. Dichos cambios requieren incentivos y tiempo, para generar así una base sobre la cual se vayan recreando y regenerando. Cambiar es doloroso y conlleva rechazo implícito y explícito, interno y externo. De allí que todo cambio profundo necesite de esfuerzos extras para que se sostengan en el tiempo. Por lo tanto, una política que intente ser sostenible no puede ignorar los factores culturales, éticos y espirituales que ayudan a promover o limitar los cambios necesarios para el cuidado de nuestra casa común.

 



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