Paradojas de la conservación

El mundo necesita más trabajadores destinados a proteger la biodiversidad y los ecosistemas. Sin embargo, en muchos países, esa cantidad se reduce ante la mirada errónea de considerarlos como un gasto, en lugar de una inversión en el futuro del planeta.

 

Texto y fotos: Juan Carlos Gambarotta

 

Cuando trabajaba en la Laguna de Castillos a menudo me preguntaban: ¿cuántos guardaparques hay en el mundo? Ese dato no existía y nunca me animé a dar ni siquiera una cifra aproximada. En cambio desde hace poco, sí se dispone de algunos datos. En 2022, la revista Nature Sustainability publicó un artículo con información obtenida en 176 países y territorios, y de la que por primera vez surgen números sobre la cantidad de trabajadores que habría en las áreas protegidas del mundo. Se estima que la cifra total es algo mayor al medio millón de personas, de los que 286.000 serían guardaparques. Por lo tanto, la profesión de guardaparque es, sin lugar a dudas, una de las más escasas del mundo.

 

Obviamente, la distribución mundial del personal de áreas protegidas (sean guardaparques, técnicos o auxiliares) es muy dispar, tanto entre países como entre las áreas protegidas del mismo país. Solemos acostumbrarnos a algunas realidades indeseables, como por ejemplo, a que con demasiada frecuencia, donde hay menos personal es justamente en algunas de las áreas protegidas más extensas y más ricas en biodiversidad de importancia planetaria. O como en Uruguay, donde parecemos estar acostumbrados a que haya áreas protegidas con un solo guardaparque, o incluso sin ninguno. Por otro lado, “desde siempre” han habido países como Argentina, que hasta ahora, más allá de los cambios de paradigmas que han tenido las áreas protegidas desde que se crearon las primeras, siempre han servido de ejemplo y han contribuido a la conservación en otros países al capacitar personal extranjero, entre muchas otras personas, a quien escribe.

 

 

Pero en estos días, las áreas protegidas de Argentina están siendo golpeadas por una fuerte reducción en el número de trabajadores. Las áreas protegidas de la administración de Parques Nacionales cuentan con 2.200 trabajadores, de los que 1.200 son contratados. En marzo, cesaron 80 contratos de trabajo, pero el objetivo es reducir 350 puestos. Con esa medida ya comenzó a ponerse en riesgo la operatividad de las áreas protegidas, porque debido a las crecientes amenazas que padecen, el panorama se va tornando más y más complejo, y su protección efectiva se hace así cada vez más difícil. Al haber menos personal, hay menos posibilidad de atender rescates y atender visitantes, lo que ha redundado en el cierre de senderos, reduciéndose así las oportunidades de disfrute del público. También faltarán trabajos de conservación de biodiversidad y hasta control de incendios. Volviendo al artículo que mencionamos al comienzo, de los números que disponemos surge que si queremos hacer realidad las obligaciones generadas en los convenios internacionales, como el Convenio de Diversidad Biológica, las áreas protegidas del mundo necesitan al menos cinco veces más personal del que tenemos ahora para proteger el 30% del planeta tal como se pretende hacer. ¡Y justo ahora, cuando más se necesita ese personal, lejos de ampliar su número se lo reduce!

 

No se trata solamente de un problema gremial, como podrán pensar algunos. El personal de áreas protegidas no es un gasto, es una inversión. A nadie se le debería escapar que en el estado actual de la tierra, del mar y de la atmósfera, si hay una inversión que no debería ser discutida por nadie más allá de su pensamiento político, es justamente la necesaria para proteger esos remanentes de naturaleza que llamamos parques nacionales y reservas. Y eso es imposible sin mantener y aumentar el personal que trabaja en ellas.



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