Los puentes de la inclusión

Una metáfora para hablar de cómo la diversidad es parte de la condición humana, aunque muchas veces nos cueste abrazarla y, de alguna manera, atravesarla.

 

Por Andrés Cikato

 

Un puente es un pasaje que nos transporta de una orilla hacia otra. Supone, esencialmente, un tránsito desde un lugar conocido hacia uno inexplorado. Atravesar un puente es entonces exploración y vínculo con algo novedoso, su camino nos entrega otra realidad, más completa, más compleja, su recorrido nos aleja de lo nuestro y nos inmersa en lo ajeno.

 

Andando los puentes de la inclusión, se nos revela inexorablemente la diversidad humana en su total expresión, sin manías ni desconfianzas. Una realidad diferente a la tradicional, a la del pasado, a veces poca amistosa al principio, pero ineludible, puesto que el puente une realidades. Del mismo modo, las crea, construye nuevas visiones, claraboyas que se abren y dejan entrar energías frescas que inquietan al principio, pero nos abanican dejando salir pasados incompletos, descartando reflexiones dañinas, arrancando con nuestro pasado basura, que no suma, que empantana.

 

Caminar de un lado al otro del puente de la inclusión reconoce el comprendernos como seres humanos completos, serios, fraternos, fundamentalmente disruptivos e instintivamente inclusivos. Nos reinventa, nos reconstruye e intima a observar con un enfoque diverso, noble, más amable, con una contemplación que no vive del pasado, con vistas renovadoras y percepción más activa.

 

¿Qué nos permite descubrir el puente?: Que la diversidad es un hecho, es orgánica, originaria, necesaria. Que la multiplicidad en su sentido amplio es una condición de la naturaleza; la diversidad es la regla, no la excepción. Trasladándonos por el puente descubrimos que nuestro pasado es fragmentario y nos detiene, nos inmoviliza y nos condiciona negativamente. Traspasándolo, se nos revela la riqueza en lo diferente, permitiéndonos encontrar un escenario donde la inclusión se cristaliza; existe natural, por sí sola.

 

Los puentes de la inclusión son ineludibles y su caminar está en manos de cada persona. Animándonos a cruzarlo, avanzamos paso a paso para descubrir en lo desconocido una nueva orilla, sin miedos ni prejuicios: un entorno donde floreceremos como mejores humanos.

 

¡Felices cinco años a Revista SEA, que se animó a cruzar el puente!

 



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