¿Los negocios internacionales pueden ser soluciones socio-ambientales?

Dar el salto a una perspectiva global puede significar una forma de comercializar diferente, sin resignar la búsqueda del desarrollo sostenible.

Por María Sofía Muratore

 

La tercera semana de abril se celebra en Washington DC la “Spring week” del Banco Mundial. Los líderes del ecosistema debaten sobre prioridades estratégicas para los países y los mercados, y comentan el estado de situación de la economía actual y sus proyecciones futuras.

 

En esta oportunidad, el Fondo Monetario Internacional afirmó que la economía mundial seguirá marcando un paso resiliente ante las crisis, y continuará el mismo ritmo que en 2023: demostrando un crecimiento de 3,2% en 2024 y 2025.  De hecho, se estima una aceleración de 1,7% en 2024 y 1,8% al año siguiente -considerando que en 2023 fue de 1,6%-.

 

Sin embargo, en función de las proyecciones compartidas, la economía mundial prevé un crecimiento a cinco años de 3,1%, lo que simboliza el menor número obtenido en las últimas décadas. A su vez, se estima que la inflación descenderá de manera constante y gradual, pasando de 6,8% en 2023 a 5,9% en 2024 y 4,5% en 2025. No obstante, las economías más avanzadas serán quienes alcancen sus metas antes que los países emergentes y en desarrollo.

 

Entonces, hay dos retos que se pueden analizar, y que requieren de una acción coordinada de los distintos sectores, público y privado. La primera pregunta es: ¿Cómo se puede trabajar para alcanzar un crecimiento económico mayor a las últimas décadas? ¿Cuáles son los factores que impiden dicho avance? El segundo desafío está en cuestionar la situación inflacionaria de los países emergentes: ¿Qué medidas son necesarias?

 

Es verdad que la resolución a estos problemas, requiere, en realidad, de múltiples resoluciones. No obstante, quizás, hay una que debe estar, obligatoriamente, sobre la mesa: promover e incentivar los negocios internacionales de impacto.

 

 

Entender una nueva mirada

 

En primera instancia, Virginia Suárez, Presidenta de Sistemas B Uruguay, comenta que es esencial comprender que el 53% del PBI mundial responde al comercio internacional. Por eso, es importante promover que los negocios de impacto dejen de limitarse a economías locales, y comiencen a escalar a una perspectiva global. A su vez, afirma que el negocio de impacto responde a otra categoría, y es una forma de comercializar diferente.

 

Virginia Suárez, Presidenta de Sistemas B Uruguay

Virginia Suárez, Presidenta de Sistemas B Uruguay

 

Ahora bien, ¿cuál es la variación con respecto a los negocios internacionales tradicionales?

Manuel Albaladejo, Head de Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (UNIDO, por sus siglas en inglés) explica: “Los negocios de impacto representan un cambio de paradigma productivo que responde a las exigencias actuales que emanan de la crisis climática y de la creciente desigualdad social a nivel global. Se llaman también negocios de “triple impacto” porque proponen un modelo de desarrollo que permita amalgamar el crecimiento económico con la sostenibilidad ambiental y la igualdad social”. Al mismo tiempo, enfatiza y desmitifica: no es filantropía, sino que existe la rentabilidad. “Es una nueva forma de concebir la actividad productiva donde el retorno económico viene acompañado de un impacto positivo en el ambiente y la sociedad”, adhiere el especialista.

 

Manuel Albaladejo, Head de Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial

Manuel Albaladejo, Head de Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial

 

Por su parte, Sebastián Rodríguez, Fundador de Impact Trade, decide agregar a la definición anterior, y reivindicar el valor de establecer impacto a través de negocios internacionales: “Los países pueden tener dos perspectivas con respecto a la apertura del comercio: ser muy libres a la comercialización o buscar una mayor protección. Pero, cuando se da lugar al libre mercado entre diversos estados, se pueden concebir dos tipos de impacto: positivo o negativo. Por ejemplo, observemos un caso negativo, tal como el  tema de la huella de carbono y sus daños ocasionados en las comunidades. Por otro lado, tenemos casos positivos. Como cuando se transforma la cadena de valor de un producto o servicio para contribuir a una mayor responsabilidad social y ambiental”. ¿Qué quiere decir con esto? “Lo que se debe impulsar y lo que están buscando los negocios internacionales de impacto, es justamente poner el foco no en el grado de libertad, sino en el grado de impacto que pueda generar en la vinculación entre empresarios u otros factores de distintos mercados”, concluye el especialista.

 

Sebastián Rodríguez, Fundador de Impact Trade

Sebastián Rodríguez, Fundador de Impact Trade

 

Reestructurar el sistema

“Cada vez existen más empresas que buscan el “triple impacto” en su modelo de negocios, demostrando que la rentabilidad empresarial puede venir de la mano de mejoras sociales y ambientales”, afirma Manuel. Virginia adhiere a lo dicho y explica que para que se dé este factor se necesita reformular la ecuación: “Desarrollar negocios internacionales de impacto implica reorganizar a las empresas desde un diseño organizacional: modelo de negocio, estructura, entre otras. Ahí estamos poniendo a la empresa como parte del problema, pero también la convertimos en la solución. A su vez, necesitamos escalar la idea. Debemos de empezar a pensar cómo resolver retos globales, y no sólo locales”.

 

Pero, para lograr esto, Virginia está convencida de la necesidad de crear una red, de trabajar en alianza entre actores. Sebastián coincide: “Yo creo que lo más importante es que debemos ser capaces de ver que para lograr un impacto trascendental es necesario concebir la vinculaciones de las empresas. Con el objetivo de crear un modelo de acción que permita, facilite y brinde lugar a que estas conexiones, para que los negocios sucedan”.

 

Por su parte, Manuel agrega otro factor relevante: los Estados: “Los gobiernos juegan un papel clave a través de políticas públicas que establecen incentivos para la proliferación de los negocios de impacto. Por ejemplo: exenciones fiscales, leyes de inversión, instrumentos de financiación, compras públicas, responsabilidad extendida del productor, son herramientas de política pública que pueden fomentar los negocios de impacto. Todo esto puede venir acompañado con estrategias a nivel país, en áreas de mayor relevancia, para de esta forma lograr un impacto considerable a nivel ambiental y social”.

 

Ahora, ¿es posible hacer tangible esta idea o sólo es una idea que soporta el papel? La respuesta es afirmativa, y es así que Manuel decide ejemplificar con hechos reales: “Estudiemos lo sucedido con el litio en Chile, donde el gobierno ha lanzado una estrategia nacional para capitalizar el potencial del sector por su alta demanda mundial, pero con un enfoque en el desarrollo de tecnologías limpias, colaboración público-privada, gestión responsable para la protección de los ecosistemas y participación de las comunidades en la toma de decisiones”. De esta forma, busca enseñar que la estrategia nacional del litio, en Chile, es una iniciativa de “triple impacto” liderada por el Estado. Por último, agrega: “Las hojas de rutas y estrategias de economía circular que se han lanzado en muchos países de la región son otro ejemplo claro del rol que puede jugar la política pública para impulsar los negocios de impacto”.

 

 

Regenerar América Latina con negocios conscientes

 Los negocios internacionales de impacto deben ser una alternativa real en América Latina, incluso, pueden ser una excusa perfecta para trabajar de forma coordinada entre los países de la región. Virginia enfatiza que los negocios de impacto no tienen fronteras, y que obligatoriamente, para lograr una mayor escalabilidad deben estar al “servicio de las comunidades”. Porque su objetivo no es responder a una arista social, ambiental, sino lograr cambios trascendentales, de forma sistémica.

 

“Los negocios de impacto tienen muchos focos que hacen y promueven un desarrollo sostenible, y que, indudablemente, responden a temas candentes en América Latina,  ya sea, solucionar problemáticas propias del sistema agricultor, ganadero, pesca e incluso la cultura”. De hecho, si se trabaja desde una perspectiva holística como explica Virgina, Sebastián afirma que se puede ir más allá, y regenerar ecosistemas. ¿Qué quiere decir esto? Restaurar lo dañado, reconciliarse con la naturaleza, el hábitat en el que vivimos,  y lograr un equilibrio con la región.

 

“América Latina es una región rica en recursos naturales, incluyendo minerales, tierra arable, agua potable y bosques nativos, además de tener la mayor biodiversidad del planeta. Eso la hace la región más determinante en la lucha contra el cambio climático, pero además la que más está sufriendo sus consecuencias. Los minerales, particularmente el litio y el cobre van ser clave para la descarbonización global de los sistemas energéticos. Los otros recursos ya se están viendo afectados por el impacto del cambio climático. América Latina sólo contribuye el 10% de las emisiones de los gases de efecto invernadero, y ya está sufriendo las consecuencias en forma de huracanes, sequías severas, incendios y la acidificación y el aumento del nivel del océano. De hecho, las Naciones Unidas indican que los eventos climáticos han afectado a casi 300 millones de personas entre finales de los 90 y 2020”, detalla Manuel.

Por estos motivos, si bien se está transitando una crisis planetaria, sólo quien ha dañado la región, es capaz de arreglarla. Pero…¿quién es culpable? Siempre en esta respuesta se mencionan los gobiernos y las empresas, pero cada institución es la toma de decisiones de distintas personas. Entonces, la solución, como se dijo anteriormente, la tiene la sociedad en su conjunto y en su diversidad de roles. Y no… El objetivo no es dejar de hacer negocios internacionales, sino ser conscientes, y buscar regenerar América Latina en cada operación del mercado. Es un nuevo cambio de paradigma hacia economías más circulares y modelos de triple impacto. Es un cambio en la forma de hacer, pero la única forma es lográndolo a través de inteligencia y acción colectiva en donde cada parte responde a un todo.



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