Las raíces invisibles del cambio: cómo las finanzas de impacto y sus actores están regenerando el Gran Chaco Americano

Las raíces invisibles del cambio: cómo las finanzas de impacto y sus actores están regenerando el Gran Chaco Americano

En el corazón del Gran Chaco, las finanzas de impacto están germinando un nuevo modelo de desarrollo: regenerativo, inclusivo y profundamente enraizado en el territorio.

Por: Matías Kelly e Ignacio Hyland

Hay transformaciones que comienzan donde nadie mira: bajo tierra, silenciosas, pero inevitables. Como raíces que se extienden en busca de agua, las finanzas de impacto tejen conexiones que hoy sostienen un nuevo modelo de desarrollo: más justo, regenerativo y vivo.

Desde Sumatoria, llevamos años impulsando un sistema financiero que no se limite a mirar el pasado, sino que apueste por el futuro. Un sistema que no castigue a quienes vienen de la exclusión, sino que los integre con herramientas adaptadas a su realidad y sus sueños.

Este modelo encontró en el Gran Chaco un territorio fértil. Un lugar desafiante, sí, pero también lleno de personas, saberes y proyectos listos para echar raíces nuevas. Por eso, hace algunos años decidimos enfocarnos allí, con un fondo bioregional y créditos accesibles para cooperativas, pymes y productores que quieren producir cuidando el monte, la biodiversidad y su comunidad.

En ese camino nos sumamos a IFACC, la Iniciativa de Innovación Financiera para la Amazonía, el Cerrado y el Gran Chaco Americano, una alianza internacional liderada por The Nature Conservancy y Tropical Forest Alliance. Ser el primer firmante argentino de esta red no es solo un honor: es un compromiso profundo con la regeneración de los territorios, desde la raíz.

El Gran Chaco ha perdido más de 14 millones de hectáreas de bosque nativo en las últimas décadas. Con esa pérdida se fueron también miles de oportunidades laborales, comerciales e incluso de supervivencia para quienes habitan la región. Pero sabemos que los cambios profundos no se dan de un día para otro. Como en la naturaleza, lo que perdura es aquello que tiene raíces sólidas: invisibles, pero vitales.

Para eso recurrimos a las finanzas combinadas: un modelo en el que capital filantrópico, inversión privada y asistencia técnica se entrelazan como raíces que sostienen un mismo árbol. Así logramos reducir riesgos, abrir caminos donde antes había exclusión, y multiplicar el impacto.

En los últimos cinco años, emitimos bonos sostenibles por más de USD 2,6 millones. Solo en el último año, quintuplicamos la escala respecto a 2023. Ese crecimiento no es solo una cifra: es acceso a crédito para quienes estaban fuera del sistema. Es premiar el impacto con una tasa más baja. Es una decisión política, técnica y emocional de acompañar —desde las finanzas— a quienes hacen las cosas bien.

Sabemos que solos no alcanzan. La esperanza —como las raíces— se multiplica cuando se encuentra con otras. Con alianzas como la que acabamos de firmar con IFACC, con actores públicos y privados, con cada productor y productora que decide transformar su manera de producir sin dejar de crecer.

Hay una imagen que me gusta: la de un bosque joven creciendo donde antes hubo tierra arrasada. No se ve de inmediato. Pero ya está sucediendo. Las raíces están trabajando.

Y eso, para nosotros, es lo más transformador de todo.

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