¿La tenencia responsable de animales puede transformar la vida de los reclusos?

El relato de la experiencia de Ombijam, el proyecto de la emprendedora Pamela Martínez. Aprendizajes, reflexiones y un legado que ojalá se replique.

Por Marianela González.

 

Pamela Martínez, terapeuta integral, es la fundadora y directora ejecutiva de Ombijam, una asociación civil que a través del yoga y sus valores, fortalece procesos de rehabilitación y de reinserción socio laboral de personas privadas de libertad, liberadas y sus familias.

 

Desde la creación de su programa “Yoga y valores en cárceles” en 2014, Ombijam ha logrado crear el primer banco laboral para personas privadas de libertad en Uruguay, cosechando así reconocimientos internacionales, alianzas con actores públicos y privados, y la generación de un valioso equipo de voluntarios comprometidos.

 

El yoga, que significa unidad, y sus valores universales de respeto por todos los seres vivos son el pilar fundamental de Ombijam. Es así como en el marco de su programa integral surgió la inquietud del cuidado de los animales abandonados que habitan dentro de las cárceles y en sus alrededores.

 

Durante los años en que Ombijam estuvo presente en la Unidad N° 6 de Punta de Rieles (2014 – 2021), logró sensibilizar a través de un diálogo empático, tanto a reclusos como al personal penitenciario sobre la importancia del cuidado animal y atender cerca de 100 animales.

 
 

 

¿Cómo impactó esta iniciativa en la cárcel? “Hasta ese momento, el maltrato de los animales dentro de la cárcel estaba naturalizado y eso cambió. Se generaron vínculos de empatía únicos que creo solo los animales saben enseñar. Muchos privados de libertad empezaron a llevar los animales a sus celdas como amigos y a cuidarlos. También se generó un trabajo en equipo entre policías, operadoras y personas privadas de libertad”, cuenta Pamela, resaltando que a nivel de sanidad se produjo una mejora en la higiene de los espacios, lo cual contribuyó a prevenir enfermedades.

 

“Me ayudó a generar vínculos más profundos y auténticos con las personas privadas de libertad. Estar en contacto con un animal y cuidarlo, sentir su emoción, su dolor y su alivio, expande tu sensibilidad y tu conciencia. Ellos empezaron a hacer espejo de sus emociones a través de ese cuidado y se abrieron a contarme sus heridas, traumas, a identificar que se puede pedir ayuda, que se puede sanar”.

 

También desarrollaron una responsabilidad y un hábito de cuidado para muchos nuevo. Algunos nunca cuidaron una planta, un hijo, ni han sido cuidados ellos mismos. La mayoría son hombres jóvenes de 18 a 35 años con problemas de adicción, en la pobreza, analfabetos. “Cuesta mucho a una persona que atraviesa estas situaciones, hablar de una emoción, de lo que siente”, reflexiona. ”Todo esto redunda en una mejor y más sana convivencia para todos y es un eslabón más en la rehabilitación”.

 
 

 

Ombijam ya no está presente en la Unidad N°6, sin embargo su legado sigue presente y demostró cómo la combinación del yoga, sus valores y el cuidado de los animales puede tener un impacto transformador en la vida de los reclusos, generando oportunidades de cambio y rehabilitación.

 

Conocé más en ombijam.org



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