La nueva conquista: el saqueo del alma andina

La nueva conquista: el saqueo del alma andina

El extractivismo cultural y pérdida de esencia.

Por: Jorge Gronda

Hoy el mundo habla del valor de la ancestralidad andina. En conferencias, museos, escuelas de diseño y newsletters culturales, la palabra “ancestral” suena bien, se ve bien y vende bien. Pero detrás de ese entusiasmo global se esconde un nuevo tipo de saqueo: el extractivismo cultural. Ya no se llevan la plata, la tierra o el litio; ahora vienen por lo único que queda: la cultura viva de los pueblos andinos.

En nombre de la “revalorización”, voces occidentales —blancas, urbanas, con legitimidad académica o mediática— se apropian del relato ancestral, lo traducen a su lenguaje y lo devuelven como tendencia contemporánea. Se celebra la “sabiduría de los Andes”, pero no se escucha a los andinos. Se admira “el tejido como tecnología social”, pero se olvida que ese tejido no nació en un taller de arte, sino en una comunidad que lo usó durante siglos para organizar su vida, su identidad y su economía.

Decir que “Latinoamérica compite por el alma” puede sonar poético, pero es profundamente peligroso. El alma de un pueblo no es un recurso simbólico que pueda disputarse en el mercado de la cultura: es su derecho a existir con su propia palabra, su propio tiempo y su propio sentido. Cuando el alma se convierte en un producto, lo que sigue es su vaciamiento.

Este nuevo colonialismo se disfraza de sensibilidad, inclusión o innovación. Pero el patrón de poder sigue siendo el mismo: los centros globales del saber y del arte continúan extrayendo valor —ahora simbólico— de los márgenes. Mientras tanto, las comunidades resisten, tejen desde abajo su memoria, su lengua y su relación con la tierra.
Ellas no necesitan ser “revalorizadas”: necesitan ser reconocidas como sujetas de palabra, no como objetos de inspiración.

El desafío no es traducir la ancestralidad a un lenguaje moderno, sino descolonizar la mirada. Dejar de hablar “sobre” los Andes y empezar a escuchar “desde” los Andes. Solo entonces la ancestralidad dejará de ser una estética para convertirse nuevamente en lo que siempre fue: una forma de vida y de sabiduría compartida.

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