La Gran Decepción en la Inversión de Impacto
Por Matías Kelly
Normalmente, cuando la gente asiste a un evento TEDx, espera escuchar sobre experiencias asombrosas o logros extraordinarios que alguien tiene para compartir. Sin embargo, en su conferencia, Uli Grabenwarter rompe esta expectativa al abordar las mayores decepciones de su vida profesional en lugar de una historia de éxito. Con más de 15 años en el mundo de la financiación de impacto, Grabenwarter tenía la esperanza de formar parte de un movimiento que utiliza el capital y las mecánicas de los mercados financieros para crear valor social, salvar el planeta, fomentar la inclusión social, erradicar la pobreza y brindar oportunidades a las personas, sin importar su origen, raza, género o creencias.
En 2015, se acordaron los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) que deben cumplirse para el año 2030 con el fin de asegurar la sostenibilidad de la humanidad. Desde entonces, se han invertido billones de dólares estadounidenses en este esfuerzo. No obstante, Hwang destaca que hoy estamos más lejos de alcanzar estos objetivos de sostenibilidad que nunca antes.
Un ejemplo que subraya es el récord alcanzado en 2022 en inversión de impacto en energía renovable, con un aumento combinado de 266 gigavatios, lo que representó el 84% del incremento en el consumo de energía de ese año. Sin embargo, este esfuerzo no logró ni siquiera neutralizar el aumento en el consumo de energía, y mucho menos reemplazar los 137 teravatios hora de energía fósil que se utilizan anualmente y que representan más del 80% del consumo energético global. Esta realidad proyecta un futuro sombrío, en el que para el año 2040, el 60% de la superficie de la España continental será territorio inhabitable según los estándares actuales, y Europa se verá obligada a debatir sobre redes de distribución de agua potable en lugar de redes energéticas.
Grabenwarter plantea una pregunta crucial: ¿Dónde nos hemos equivocado? Según él, el problema radica en una gran mentira: la creencia de que no hay un compromiso entre maximizar la riqueza económica y salvar el planeta. Esta idea, que podemos ser ricos y seguros con solo invertir un poco más responsablemente, es falsa. La verdad es que enfrentamos un enorme desafío y un compromiso que nos afecta a todos.
En el ámbito de la inversión de impacto, a menudo se invierte en proyectos que prometen un gran retorno financiero en primer lugar, con un impacto social positivo como un beneficio adicional. Hwang critica esta actitud oportunista y destaca que, como individuos, también somos culpables de esta hipocresía. Nos consolamos con donaciones o inversiones filantrópicas en empresas sociales, pero no estamos dispuestos a pagar por el impacto social que crean. La conciencia sobre el impacto en la sociedad y el medio ambiente es algo que solo abrazamos de corazón mientras no requiera ningún cambio en nuestro estilo de vida.
Este ciclo vicioso se perpetúa porque tanto los individuos como las instituciones financieras y los gobiernos priorizan sus intereses personales sobre el impacto real que podrían tener. Hwang sugiere que romper este ciclo depende de nosotros. Debemos reconocer que hay un compromiso que hacer y que invertir solo en impactos que ofrecen retornos financieros convencionales no crea un impacto verdadero.
Para lograr un cambio real, Hwang insta a los individuos a ser más exigentes con los productos que compran, su forma de consumo y la selección de gestores de activos. Además, sugiere que la comunidad de inversión de impacto debería salir de su zona de confort y diseñar instrumentos financieros que hagan verdaderamente invertibles la preservación de recursos naturales, la protección del clima y la agricultura sostenible, en lugar de esperar por oportunidades de inversión en impacto que nunca llegarán.
Grabenwarter concluye su conferencia con una visión esperanzadora: si actuamos colectivamente, no tendremos que esperar a que los reguladores y los gobiernos cambien el mundo por nosotros; seremos nosotros quienes lideraremos el cambio. Nos invita a imaginar un futuro en el que, en un evento TEDx en 2040, cualquiera de nosotros podría estar en el escenario contando la historia de cómo logramos revertir lo que parecía inevitable. Sin embargo, también advierte sobre la alternativa de un futuro sombrío, en el que un evento TEDx en 2040 se llevaría a cabo en una sala vacía. La elección está en nuestras manos.
Con estas palabras finales, deja al público reflexionando sobre su papel en la creación de un futuro sostenible. La conferencia, lejos de ofrecer soluciones fáciles, es un llamado a la acción y un desafío a la comodidad de nuestras prácticas actuales.
La inversión de impacto no puede ser un mero complemento a las ganancias financieras; debe ser una prioridad central si realmente queremos abordar los problemas más urgentes de nuestro tiempo.
Todas nuestras experiencias son válidas y han movido capital de un lado al otro de la cancha, han transformado vidas, y expandido la frontera del impacto. Lo que está claro es que, solos, nada es suficiente. Necesitamos expandir, contagiar, e invitar a otros al camino de la inversión de impacto.
Nos confronta con la cruda realidad de la inversión de impacto y sugiere que el verdadero cambio solo puede ocurrir si reconocemos los compromisos necesarios y actuamos de manera coherente con nuestros ideales.
La responsabilidad recae en cada uno de nosotros, tanto como individuos como miembros de una comunidad global, para exigir más de nosotros mismos y de las instituciones que nos rodean. Si no actuamos, el costo de nuestra inacción será mucho mayor que cualquier sacrificio que podamos hacer hoy. La elección es clara: o cambiamos nuestras prioridades y trabajamos juntos por un futuro sostenible, o enfrentamos las consecuencias de nuestra complacencia.
El mundo no puede sentarse a esperar regulaciones, debe autorregularse, y en ese sentido, Latinoamérica es el lugar que mayor provecho puede obtener de esta canalización y del shift global hacia las inversiones con impacto.