La ciencia pide pista para las lagunas costeras
Más de 100 lagos y lagunas de Uruguay y Brasil forman el mayor sistema continuo de su tipo. Investigadores de ambos países proponen estudiarlo como un laboratorio natural y fortalecer su protección.
Por: Leo Lagos
La idea está en el aire, pero ha causado bastante revuelo como para aterrizar. La propuesta de construir un aeropuerto en un predio situado entre las lagunas Garzón y Rocha vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cuánto sabemos realmente sobre los ecosistemas antes de transformarlos?
A la vez, un equipo de 31 investigadores de Uruguay, Brasil y Europa publicó un trabajo que dimensiona lo que está en juego. A lo largo de 1.000 kilómetros de la costa del sur de Brasil y el este de Uruguay se extiende una cadena de más de 100 lagos y lagunas costeras poco profundas. En conjunto, conforman el mayor sistema continuo de su tipo y un “modelo único a nivel mundial” para estudiar los cambios ambientales.
No son espejos de agua aislados. Comparten un origen geológico y se formaron detrás de barreras de arena costeras, pero presentan diferencias de clima, salinidad, uso del suelo e impacto humano. Esa combinación convierte a la región en un laboratorio natural: permite comparar ecosistemas semejantes sometidos a presiones distintas y observar cómo responden.
La red incluye cuatro grandes subsistemas: Tramandaí, Patos, Mangueira-Merín y las lagunas uruguayas. Muchas mantienen una conexión intermitente con el océano, regulada por barras de arena que se abren y cierran. Esa dinámica explica parte de su riqueza, pero también de su fragilidad.
¿Por qué mirar estos ambientes como un único sistema? Porque los problemas tampoco conocen fronteras. La eutrofización, los vertidos urbanos y agrícolas, los pesticidas, los fármacos, los microplásticos, las especies invasoras y los eventos extremos asociados al cambio climático afectan distintos puntos de la cadena. Una red coordinada de monitoreo permitiría detectar señales tempranas, comparar respuestas y anticipar daños antes de que resulten irreversibles.
El trabajo también señala una carencia histórica. La mayoría de los conocimientos sobre lagos poco profundos proviene de regiones templadas del hemisferio norte. Los sistemas subtropicales, pese a su relevancia, continúan subrepresentados en la limnología. Estudiar estas lagunas no solo permitiría proteger un patrimonio regional: ayudaría a responder preguntas ecológicas de alcance global.
La ciencia propone integrar datos, sostener monitoreos de largo plazo y fortalecer la cooperación entre ambos países. Para eso se necesitan infraestructura, financiamiento y decisiones públicas capaces de mirar el territorio como un sistema, no como una suma de predios disponibles.
El aeropuerto puede ser una oportunidad para discutir qué desarrollo queremos. La ciencia también pide pista, pero para investigar, comprender y proteger antes de que las decisiones aterricen.
Nota editorial: versión abreviada y adaptada del artículo publicado originalmente en LA DIARIA (Montevideo, Uruguay, 2026). La información científica fue contrastada y complementada con el estudio original publicado en One Ecosystem (Sofía, Bulgaria, 2026).