La Amazonía: Una vida de contrastes

Tierras de abundancia, de biodiversidad, riqueza cultural, pero con escasez en la educación que solo incrementan la vulnerabilidad de las comunidades indígenas.

 

Por Rodrigo Castells Daverede

Habito en una comunidad indígena Tikuna o Magüta del Amazonas Colombiano, la comunidad de Progreso – Tucuchira. En mi caminar he conocido y compartido con distintas comunidades campesinas e indígenas de diversos territorios de América Latina. Mi formación intelectual principal ha pasado desde un colegio privado católico en la primaria; el secundario público (ambos en mi pueblo de origen, Durazno, Uruguay); la carrera de Agronomía en la Universidad pública de Uruguay, hasta diversas universidades privadas donde estudié filosofía y teología (en Argentina y Chile). Quiero también destacar la formación en espiritualidad del discernimiento aprendida en el seno de la Compañía de Jesús, de la cual fui miembro por 18 años. Soy una persona de fe cristiana católica, que para mí significa una mirada amplia que se ha ido enriqueciendo en este caminar junto a las comunidades y personas que la vida ha presentado en el camino.

 

Hoy desde la amazonia, tan rica como amenazada, tan imponente como frágil, puedo ser testigo íntimo y privilegiado de la vida de este bioma tan relevante para la vida del planeta. Escribía al llegar a aquí (hace tres años y residiendo en la ciudad de Leticia, Colombia) sobre la abundancia que la habita. Hoy ya con más de un año compartiendo la vida en mi comunidad indígena, los contrastes de abundancia y escasez se hacen más evidentes.

 

 

Aquí están todas las posibilidades para la abundancia, todo el potencial, riqueza cultural y de biodiversidad. Los abuelos en sus relatos recuerdan con añoranza aquella abundancia. Pero la escasez es hoy una realidad y una amenaza. Más comunidades, más necesidades, mayor presión sobre el entorno; innumerables desafíos socioambientales; muy diversas ONGs, organizaciones indígenas, el Estado, las Iglesias… muchos llegan con sus dineros y propuestas. Buenas intenciones y proyectos; desarrollo del turismo, las artesanías, la soberanía alimentaria y formación en derechos y gestión de procesos. Apoyos necesarios, pero no suficientes.

 

Se echa de menos propuestas sólidas en lo educativo. En ningún otro sitio de los que he vivido y servido, he percibido con tanta claridad la necesidad de la educación básica, secundaria y terciaria. La educación es la base para que nuestras comunidades ejerzan su autonomía, comprendan y puedan ejercer sus derechos y obligaciones. La educación es la quintaesencia de los procesos libres de los pueblos. No hablo tan solo del indudable y deseado derecho a una educación intercultural; sino de algo más básico y determinante: una educación básica en la lengua del país o estado en el que ellos desarrollan sus procesos como ciudadanos, para ser artífices de su destino. Acompañados por muchos que les podamos compartir y acompañar en un aprendizaje recíproco de saberes, los de ellos y los occidentales, la educación es entonces vital para el futuro de estos pueblos, de la selva y todos los seres vivos y espirituales que la habitan.

 

La situación es urgente, es apremiante. Mientras tanto seguiremos, con buenas intenciones y también idealizaciones, colonizando. Educación, educación para liberar, para que sean verdaderos dueños y señores de sus procesos. Integrarlos al saber occidental, es urgente. Darles herramientas para resguardar y compartir su saber ancestral, es vital.

 

 

Mientras tanto, aquí estaremos. En medio de la selva. En la comunidad. Caminando con ellos y hasta donde den las fuerzas, como ellos. Sintiendo, comprendiendo, aprendiendo, sufriendo y celebrando. La abuela y el abuelo fundadores de la comunidad todavía están aquí. Paso a su lado y les saludo, “Numae pa Noe, Numa epa Oí”, algunos dicen que tienen más de cien años…, me responden ambos, “Numae pa Oí”, a mí que tan solo cuento 48 años.



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