La Amazonia nos respira: una Bienal para despertar conciencias
Por: Alejandro Denes
Las urgencias del medio ambiente en una muestra de arte.
Finalizada en 2025, la 6a Bienal de Montevideo —realizada del 23 de octubre al 30 de noviembre en el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo— llevó por título Amazonas Ancestral. Como co-curador, comparto aquí una reflexión sobre el concepto curatorial y la participación de artistas locales y extranjeros.
La Bienal de Montevideo es un espacio que cada dos años convoca a artistas nacionales e internacionales para dialogar, a través de las artes visuales, sobre los temas que transforman nuestra sociedad.
En esta edición decidimos centrar la mirada en la Amazonia, un territorio imprescindible para el equilibrio planetario y, al mismo tiempo, un espacio simbólico cultural que atraviesa toda América Latina. Cuando recibí la invitación a integrar el equipo curatorial, lo tomé como un reto que excedía lo artístico. Las dimensiones geográficas del Amazonas son inspiradoras por sí solas, además de contar con una biodiversidad aún más impresionante. Recordé entonces una frase de José Mujica que me ha acompañado durante el proceso: “América debería llamarse Amazonia por el impacto que esta región tiene sobre el continente”.
Este impacto no es únicamente ambiental. Aunque es fundamental el papel de los ríos atmosféricos que llegan al sur y evitan que nuestro territorio se convierta en un desierto —lo que algunos científicos llaman “la paradoja de la suerte”—, la Amazonía representa mucho más. Es un territorio simbólico y enigmático que conecta y, al mismo tiempo, separa al continente; un espacio que trasciende las fronteras modernas y es hogar de pueblos indígenas cuya presencia enriquece nuestra diversidad cultural.
El hecho de que esta edición se realizara en paralelo con la COP30 (la Conferencia de las partes de las Naciones Unidas por el Cambio Climático No30, celebrada en Belém do Pará, Brasil) le dio un impulso urgente. La crisis climática es madre de múltiples crisis globales y así lo expresan algunos de los artistas extranjeros invitados, en su mayoría pertenecientes a la región amazónica y que transmiten en su arte la belleza, el drama, el cielo y el infierno.
Los artistas uruguayos, por su parte, se sumaron al desafío desde diversos enfoques. Algunos trabajaron desde lo ancestral; otros, desde la experiencia personal —porque han caminado por la floresta—, desde el imaginario simbólico o desde la acción política y la poética. En todos los casos, la Amazonia actuó como catalizador de preguntas que nos involucran, incluso desde la distancia.
Porque lo que ocurre allí no es ajeno a lo que ocurre aquí. Cuando desaparece un árbol en la cuenca amazónica, el aire cambia también sobre el Río de la Plata.
Una Bienal debe invitar a pensar, a cuestionar, a maravillarse y a sentir incomodidad. Esa es su fuerza. Hoy, frente a la urgencia planetaria, el arte es más necesario que nunca: es el lenguaje que puede recordarnos que la Amazonia no es un lugar lejano, sino una extensión de nuestra propia casa.