Inteligencia artificial: ¿una aliada para la sustentabilidad?

2023 fue, sin dudas, el año en el que esta tecnología estuvo en boca de todos. Y muchos proyectos y emprendedores en la región ya la aprovechan para generar impacto positivo. Sin embargo, es crucial abordar los riesgos inherentes para garantizar que la aplicación de esta herramienta se realice de manera ética y responsable.

 

Por María Sofía Muratore

 

Diciembre pareciera ser el mes de “la verdad”. Comienzan a visualizarse los reportes anuales, y con ellos la posibilidad de comprender el presente, y las promesas para los 365 días siguientes. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), no es la excepción a la regla, y fue así que previo a la COP 28 publicó dos últimos informes en los que se detalla la crisis climática: Se estima un calentamiento global de entre 2,5 °C y 2,9 °C para finales de siglo, superando de esta forma lo establecido en el Acuerdo de París. En segunda instancia, la Brecha de Adaptación afirmó que los países no están destinando el financiamiento suficiente para paliar las consecuencias del cambio climático.

 

Sin embargo, y a pesar de la falta de cuantías económicas para poder solventar este reto mundial, el eje debería estar en qué herramientas se necesitan activar para responder al problema, visto que las preguntas actuales no pueden ser resueltas como hace una década atrás. Fue así que hace más de dos años, el fundador de Microsoft, Bill Gates, se ha vuelto el embajador de la teoría de que estamos en una nueva era: la revolución de la Inteligencia Artificial (IA).

 

“El desarrollo de la inteligencia artificial es tan fundamental como la creación del microprocesador, el ordenador personal, internet y el teléfono móvil. Cambiará la forma en que las personas trabajan, aprenden, viajan, reciben atención sanitaria y se comunican entre sí. Industrias enteras se reorientaron a su alrededor. Las empresas se distinguirán por lo bien que la utilicen”, comentó Bill Gate ante una entrevista que le realizaron en 2022.

 

Un año después, a comienzos de 2023, el líder tecnológico publicó su lista de deseos  anual, y reivindicó la importancia de la Inteligencia Artificial y el Cambio Climático para garantizar un futuro próspero de las nuevas generaciones.

 

Pero, no es el único que afirma la necesidad de trabajar ambas tendencias de forma coordinada. Según el  BCG Climate AI Survey, son más del  87% los directivos del sector público y privado que consideran que la IA es la herramienta por excelencia para luchar contra el cambio climático.  A su vez, se detalla la posibilidad de la IA para trabajar la adaptación, la mitigación (eliminación de emisiones), la antelación (prevención de daños), la educación, investigación  y la minimización de riesgos financieros.

 

 

Acciones basadas en datos

 

Pero…¿por qué la IA puede ser la solución? (O también, una amenaza si se la opera mal). Daniel Rivas, Fundador y CEO de Reactor, una empresa de robótica enfocada en resolver problemas ambientales de carácter urgente; y reconocido por Galactic Problem Solver de NASA, y Embajador de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU en Perú, sostiene: “Con la IA podemos monitorear continuamente el medio ambiente y recopilar datos en tiempo real, permitiéndonos construir un historial detallado de cambios en la biodiversidad, calidad del aire, niveles de contaminación, etc. Esta información sirve como base para llevar a cabo un análisis de datos, identificando patrones y tendencias”, explica el especialista. “Con esta información, podemos desarrollar simulaciones de posibles escenarios relacionados con el cambio climático, permitiéndonos prever impactos potenciales, desarrollar estrategias de adaptación y mitigación, y tomar decisiones informadas. Estas decisiones, a su vez, fundamentan la formulación de políticas ambientales respaldadas por estas evidencias y simulaciones para generar alertas tempranas ante eventos climáticos extremos. Esto mejora significativamente la planificación y respuesta ante desastres naturales, como inundaciones y sequías, superando la precisión de los métodos tradicionales”.

 

Daniel Rivas, Fundador y CEO de Reactor

 

Siguiendo con esta línea de pensamiento, Pierro Perriggo, Director de Innovación de Sinba, una empresa que trabaja en el reciclaje de los desechos de los restaurantes y la convierte en alimento para animales, explica la razón por la cual la IA es fundamental, e incluso muestra su funcionalidad para su negocio: “Uno de los campos que se debe trabajar para mitigar el cambio climático es gestionar la disposición de residuos, lo cual conlleva a generar normativa, pero lamentablemente no existe suficiente data confiable (es decir, información) de cuántos y qué tipos de residuos se generan en ciudades, países”, indica y agrega: “Una solución para poder tener una base de datos confiable es usando la inteligencia artificial que te puede permitir, a través de reconocimiento de imágenes , por ejemplo, los tipos de residuos que un centro de acopio va recolectando”. ¿Para qué? Para asociarlo a distritos, ciudades de las cuales perciben los residuos,  y obtener una data confiable de qué zonas son las que generan más residuos o también qué clases de residuos se recolectan por zona.

 

Pierro Perriggo, Director de Innovación de Sinba

 

Información clave para decisiones concretas y automatizadas

 

En el año 2024, es imposible seguir trabajando sin tener noción de pérdidas, excesos o posibles riesgos que pudiesen haber sido evitados. Daniel detalla: “La IA permite la optimización del uso de recursos energéticos. Por ejemplo, en la gestión de redes eléctricas, la IA puede prever la demanda energética y ajustar la producción de manera eficiente, tal es el caso en edificios y procesos industriales, contribuyendo así a la reducción de gases de efecto invernadero. En el ámbito doméstico, la IA puede automatizar el control del consumo de energía de electrodomésticos, luces y sistemas de climatización, brindando un enfoque más sostenible y eficiente”.

 

Con contundencia y convencimiento, Pierro asevera que toda tecnología que facilite la captura de información es indispensable y/o funcional para gestionar soluciones que ataquen el problema del cambio climático. Tomemos el caso de las energías renovables: la IA se emplea para optimizar el diseño y la fabricación, reduciendo costos y mejorando la eficiencia. “Por ejemplo, actualmente, se utiliza para desarrollar materiales innovadores que aumentan la eficiencia de los paneles solares en un 10%. En cuanto a la fabricación, podemos utilizar la IA para la planificación de la producción, control de calidad, e incluso controlar robots en tareas de fabricación, aumentando la seguridad y la productividad”, explica Daniel.

 

Otro claro ejemplo en el que incide la IA es la gestión del tráfico. La movilidad urbana ya experimenta la aplicación de la inteligencia artificial al predecir atascos y ofrecer rutas alternativas, así como también predecir la demanda de vehículos por zonas y horas, minimizando así su impacto ambiental.

 

La agricultura es otro de los sectores en donde la IA puede optimizar la eficiencia, prediciendo las necesidades de los cultivos (ya sea  de riego, uso de fertilizantes) gracias a los sensores de humedad, temperatura y fertilización. También, permite identificar enfermedades de cultivos y sugerir métodos de cultivo más sostenibles.

 

Sistemas de IA avanzados también permiten el monitoreo continuo de ecosistemas y la identificación temprana de amenazas ambientales, como la deforestación y la contaminación, facilitando una respuesta rápida. Tal es el caso de Reforest Latam, que se basa en el uso de drones equipados con tecnología de siembra para plantar árboles de manera precisa y eficiente en áreas deforestadas para restaurar bosques y pastizales a gran escala y así mitigar los efectos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad. “En una jornada, con 400 voluntarios, se pueden plantar 3,5 hectáreas cuando un dron puede reforestar 20 hectáreas”, comparan desde esta start-up.

 

Damián Rivadeneira, CEO de Reforest Latam

 

El caso de Satellites on Fire tiene que ver con la prevención. Creada por jóvenes estudiantes que cursaban en la ORT en Argentina, se trata de una app que mediante imágenes satelitales, obtiene datos de focos de calor en todo el continente americano. El objetivo es llegar a lugares remotos y evitar la pérdida de biodiversidad y de territorios.

 

La otra cara de la moneda

 

A pesar de que pareciera ser la “varita mágica” para resolver tantísimos problemas que hacen al desarrollo sustentable, el informe presentado señala que gran parte de la sociedad aún le teme a la IA. La consultora KPMG realizó el estudio “Trust in Artificial Intelligence: A global study”, que analiza el uso de esta tecnología y la confianza que tiene la sociedad hacia su empleo. Destaca que el 61% de la gente se muestra en desconfianza y teme de las consecuencias futuras.

 

Pero… ¿a qué hay que temer? En el libro “21 lecciones para el siglo XXI” de Yuval Noah Harari, el autor decía en su cuarta lección: “Quien tenga los datos dominará el mundo”. En concordancia, Daniel señala que la contrapartida de la IA es que el dato no se utilice correctamente, sino más bien “con fines maliciosos”. Señalando que en ciertos casos, los algoritmos de IA pueden reflejar sesgos presentes en los datos con los que fueron entrenados, lo que puede resultar en decisiones discriminatorias e injustas.

 

Es por eso que Pierro destaca: “Antes de pensar en soluciones innovadoras relacionadas con la tecnología y/o la inteligencia artificial, debemos trabajar con un chip más importante: el de nuestras mentes. Si nosotros no somos capaces de entender lo que está ocurriendo, o comprender que el tema del cambio climático no es algo casual que ocurrió al azar o por mala fortuna; sino que es un problema que hemos generado nosotros por la falta de conciencia, de nada sirve”.

 

 

¿Las personas siguen teniendo el poder?

 

A pesar de los miedos existentes ante las pérdidas de trabajo por la automatización de tareas, Victoria Gardella, Licenciada en gestión ambiental, consultora en innovación y comunicación, afirma que es verdad que existe un gran avance con respecto a cómo se trabajaba en el pasado, pero que el ser humano es quien puede agregar valor, interpretar y hacer uso de la información. Actualmente, acompaña a dos startups: por un lado, Nideport, que tiene como objetivo la restauración ecológica y la conservación de la biodiversidad, con un enfoque sólido en la responsabilidad social a través del aporte de soluciones basadas en la naturaleza. La misión es la restauración del capital natural, y la biodiversidad involucrando activamente a las comunidades locales en este proceso, para la emisión de créditos de carbono de alta calidad. Por el otro, a Uali, que emplea la utilización de tres tecnologías -robótica, inteligencia artificial e IoT- a través de la cual brinda análisis preventivo y predictivo con el fin de ayudar a la industria energética en su transición hacia un futuro sustentable.

 

Victoria Gardella, Licenciada en gestión ambiental, consultora en innovación y comunicación

 

“Anteriormente, estas tareas se realizaban de forma manual. Hoy en día, esto cambió, y de hecho, gracias a la sinergias con otras tecnologías, ejemplo la robótica o IOT (Internet de las Cosas), se puede obtener un obtener un resultado de mayor calidad”, explica. Luego, piensa y agrega que para eso, se necesita no solo de un procesamiento correcto y destinado a un fin, sino también de la programación del dato. Ahora bien, para que esta ecuación se dé, y exclusivamente, en materia de retos ambientales se necesita de: capital, tiempo,  recursos humanos especializados. “Visto que con estos tres factores se pueden transcribir múltiples respuestas, y probar diversas variables para ver cuál es la solución tangible y eficiente en el corto y mediano plazo”, dice la especialista.

 

“La falla entre el dato y el procesamiento está en la curaduría del dato. Para eso se necesita de diversos roles, especialistas y técnicos capaces de mirar el problema desde una perspectiva holística”, agrega Victoria. Sin embargo, acá tenemos un segundo problema, y no menor. En la Mesa Redonda Ministerial sobre Inteligencia Artificial Generativa y Educación, organizada por la UNESCO en mayo de 2023, tan solo un 10% de las escuelas y universidades a nivel mundial estaban preparando a sus alumnos en IA. Si bien se ha visualizado un avance con respecto a los conocimientos ambientales de las generaciones más jóvenes, es necesario avanzar hacia un digital mindset, la incorporación del uso de las nuevas tecnología (IA, web 3, blockchain, IOT, entre otras) para resolver retos.

 

Cualquier innovación orientada a brindar soluciones a los desafíos ambientales más urgentes no tendrá espacio de desarrollo ético y con criterio sin un sistema educativo capaz de preparar jóvenes del presente y futuro que logren detectar dónde construir sinergias.



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