Hablemos de Paz

Ma. Victoria Pereira, Directora de SEA, conversa con Pablo Ruiz Hiebra, Coordinador Residente de las Naciones Unidas en Uruguay.

 

Habiéndome dedicado por años a temas ambientales, hoy en día no concibo que no sea nuestra especie (la humana) la principal que procuro conservar. Mi causa no es una visión antropocéntrica, en absoluto, sino el haber constatado que es la especie humana la más vulnerable, y a la vez en donde centro mi esperanza, puesto que es ella misma la causante de tantas irregularidades vinculadas con el orden de las especies y lo que se origina en los ecosistemas. La empatía hacia cada hombre y mujer que nace, o que va a nacer, el reconocimiento de sus derechos humanos, constituyen mi mayor anhelo para procurar un mundo más justo y equitativo, y un planeta más equilibrado.

 

Y en ese escenario personal que se inserta en uno nacional, y a su vez, en otro internacional, me tiene en velo el cómo rumbeamos como personas frente a lo que entiendo es una actual “des evolución” como especie. Pues pienso que “además” de los cien millones de muertos que según algunos investigadores dejó la Segunda Guerra Mundial, tras su paso también dejó “bastante” orden internacional, pues dio origen a las Naciones Unidas y fue cimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero siento que hoy en día parecería que hemos olvidado, o por lo pronto obviamos, ese concepto tan efímero como real, tan teórico como práctico, que constituye la Humanidad, la cual trasciende el tiempo y las fronteras. Sin su visión, nuestra propia especie se desbalancea, porque es la impronta del respeto, de la búsqueda de la dignidad, y de la paz. Y sin paz no hay sostenibilidad posible, porque nada se sostiene -ni siquiera un desarrollo sustentable-, dado que la sustentabilidad en su amplio espectro tiene como pilar a la Humanidad y no solo a un grupo reducido de personas.

 

Por ello, no deberíamos mirar al costado cuando la paz no existe en el mundo, ni ser indiferentes a escenarios bélicos de ningún tipo, ningún color, ideología política o religiosa, o interés. Primero porque es la empatía con nuestra propia especie una condición de vida, y segundo porque todo termina afectando a la hora de las consecuencias que la ausencia de la paz genera en el orden mundial. Cada atropello que se da sobre un ser humano en este mundo, se nos da a nosotros mismos.

 

Y parto de la premisa de que todo en este mundo cambia, todo en la Naturaleza cambia. La gran regla de la realidad es el cambio, pero en ese cambio constante hay algo que no podemos dejar de buscar que esté inserto siempre, y es vivir en paz como especie y con el resto de las especies. Y esa paz nos condiciona desde lo interno a lo externo y viceversa, pero sobre todo nos permite evolucionar en el largo trecho que consiste la vida de cada ser humano en la incertidumbre de lo que vendrá.

 

Pero como mi visión de la paz es personal, lejana y en gran parte teórica, quise conversar con quien pudiera darme una visión general, territorial y mucho más práctica, y nadie mejor para ello que el Coordinador Residente de las Naciones Unidas en Uruguay, Pablo Ruiz Hiebra. Recordemos que Naciones Unidas es el único órgano internacional cuya razón de ser lo constituye la paz internacional, y por ello es el único sitio del mundo donde más allá de las diferencias, todas las naciones del mundo pueden reunirse, conversar los problemas comunes y buscar soluciones compartidas que beneficien a la humanidad.

 

Y lo primero que hizo Pablo, fue traer a colación la visión del académico Johan Galtung, recientemente fallecido, quien inventó los conceptos de paz negativa y paz positiva. Galtung decía que la paz es mucho más que la ausencia de guerra. Siendo el proceso de la paz positiva un proceso mucho más grande, y en donde la solidaridad, la empatía, y otros valores, generan fundamentos sólidos para que no se vuelva a dar la guerra.

 

¿Qué es la paz positiva y la paz negativa según Galtung? Para una mayor claridad teórica, la definición estricta de la paz negativa asumida para este trabajo es la ausencia de violencia directa, mientras que la paz positiva es definida como la ausencia de violencia estructural, o a lo que Galtung también se refiere como justicia social (1969).

 

Es por ello que la paz se interrelaciona con tantas cosas que no deberían de ocurrir en tantos países, incluso en el que vivo (Uruguay), porque para que una sociedad tenga paz debe de haber cohesión social, y ausencia de violencia. De allí que sea tan necesario “invertir” en la infancia, tanto por razones humanitarias, como económicas. Pues recordemos que descuidar a la niñez es una generación que más adelante seguro nos va a pasar factura, con situaciones de violencia que terminarán en las ya colmadas cárceles. Erradicar la pobreza infantil es la inversión más rentable que puede hacer un país, desde la perspectiva de la paz positiva.

 

Pablo coloca un punto de partida que me despierta a otra realidad, especialmente en atención a mi carrera profesional: “Me interesa hablar sobre la paz pero no desde una perspectiva lejana, porque lo que está en juego hoy en día/ahora es el conjunto de normas, de acuerdos y principios, así como valores que han regido las relaciones internacionales por las últimas décadas. Y si ese acervo de normas, y de principios y de valores, y de acuerdos escritos y a veces no escritos, se desmorona, la situación es muy complicada, porque nosotros damos muchas cosas por sentadas, pero la verdad es que dependen mucho de todo eso”. Por ejemplo, ¿nos hemos puesto a pensar cuán por sentado tenemos el hecho de que un país no agreda a otro, el que un país grande no ataque a uno más pequeño, el que un país no lance una bomba nuclear donde le parezca oportuno, el que protejamos conjuntamente el ambiente mundial y que nos comprometamos con las generaciones futuras y la gente que venga después de nuestros hijos y de nuestros nietos para que puedan tener un ambiente relativamente protegido?

 

Con la guerra Rusia vs Ucrania, se perturbó la inflación y la economía global, razón por lo cual nos movió desde otras perspectivas. Pero hay otras cosas que se afectan con conflictos armados y por ello también debemos sentirnos afectados, como “el propio valor de los derechos humanos (DDHH). Lo que fue un gran logro de la humanidad, es decir, pensar que cualquier persona en cualquier país del mundo puede, por el mero hecho de nacer y ser humano, tener derechos, está en cuestionamiento.” Es que hoy en día “hay gente que realmente menosprecia los DDHH, los atropella directamente, y hay un discurso de desprecio hacia esos valores, que podría generar que ese terreno ganado lo podamos perder”.

 

Por tal razón, Pablo es enfático en recalcar que debemos “construir un discurso de la paz desde los valores sociales, desde la solidaridad, desde la empatía, desde el compromiso de todos por solucionar problemas conjuntos de manera dialogada y no violenta, desde el respeto del entorno en que vivimos y de las generaciones futuras”. Y justamente todo ello son situaciones que para Uruguay son extremadamente relevantes. “De hecho el modelo uruguayo en buena medida se basa en eso, pues qué mejor defensa para Uruguay que el multilateralismo, que justamente es lo que hace fuerte a Uruguay, es decir, no es su tamaño sino el valor de su modelo social y de su cultura”.

 

La cultura es lo que nos une como sociedad y como mundo, por ello nada más importante que dialogar sobre la cultura de la paz.

 

A consecuencia de ello, y sin perjuicio de la importancia de las instituciones de las Naciones Unidas, tales cuales el Consejo de Seguridad, debemos procurar y ocuparnos de que la paz no se limite sólo a las decisiones de esos grandes órganos, “sino aterrizándola a territorio, a cultura, a capital social, y a una concepción más humana de las relaciones internacionales y de las relaciones interpersonales. Incluso con el ambiente, pues para uno estar en paz tiene que estar en paz con el medio ambiente”.

 

Si por un beneficio a corto plazo en cualquier inversión se desmantela un ecosistema cuyas consecuencias pueden durar decenas o cientos de años, se compromete por ejemplo el agua y la tierra de ese territorio, poniéndose en riesgo la paz de dicha sociedad.

 

Paz es también saber vivir en armonía con el medio ambiente”, nos recuerda Pablo.



Sé parte del cambio Apóyanos!


Sustentabilidad en Acciones