Espiritualidad para la sostenibilidad

Como un pueblo de la Amazonía aún otorga significado trascendental a las interacciones entre sí y el entorno natural, dimensión que bajo la perspectiva occidental pareciera desvanecerse cada vez más.

Por Rodrigo Castells Davedere

 

Caminar junto al pueblo o Nación Magüta en la Amazonía colombiana ofrece una posibilidad muy auténtica de conocer y vivir su espiritualidad. Vivir en medio de ellos permite: escuchar a los hombres y mujeres abuelos, sabedores, líderes, chamanes; compartir los espacios de gobernanza y autonomía; dejarse guiar en las actividades cotidianas de subsistencia (chagra, pesca, recolección, aseo, preparación de los alimentos, etc); participar de rituales y espacios de espiritualidad; regalarse tiempos de comunión con la selva y el río; abrirse a las relaciones en comunidad. Es en esta cotidianidad, bañada de imprevistos y sembrada de intimidad, donde se ponen de manifiesto de forma práctica y concreta los conocimientos ancestrales y la vida real de la comunidad.

 

Desde este caminar y en cierta comunión con el concepto del “Buen Vivir” propuesto como eje de la vida de los pueblos originarios de este continente, vamos comprendiendo que la espiritualidad de la Nación Magüta tendría como eje: “Cuidar y perpetuar la vida”. Espiritualidad que se expresa y se hace visible con mayor claridad en su celebración ritual principal, la fiesta de la pelazón (ritual de la pubertad); en el trabajo de sanación del Chaman o Médico tradicional; en la chagra, en la pesca y cuando se va a selva a recolectar (sus usos y costumbres); cuando los mayores relatan y comunican los saberes prácticos, historias del origen y mandatos Magüta en la cotidianidad.

 

Soy un católico confeso y comprometido. Al caer en la cuenta de la fuerza y riqueza de la espiritualidad de la Nación Magüta, no puedo dejar de experimentar constantemente la comunión profunda de esta espiritualidad con mi fe y espiritualidad cristiana. Sin dudas un conocimiento teológico profundo y la sabiduría de la espiritualidad ignaciana colaboran en este proceso de diálogo y mutuo enriquecimiento que acontece en día a día en mi caminar. Me permite disfrutar con hondura de mi trabajo en la chagra, la pesca y la visita a los sitios sagrados de la comunidad. También me ayuda a acercarme con respeto y atención a las relaciones que se van tejiendo con mis hermanos y hermanas de la comunidad. Experimentar esta comunión íntima y profunda, me ayuda a valorar la importancia de resguardar esta vida indígena, regalo del mismo espíritu a nuestros hermanos y don para la humanidad, valorando a su vez la riqueza y universalidad del mensaje de Jesús.

 

La espiritualidad es el lenguaje (en sentido amplio de comunicación y praxis vital) con que el hombre da trascendencia a sus relaciones con sus pares, otras criaturas y todo aquellos que compone y hace posible la vida de su comunidad en su espacio vital. Parece ser que en la cultura occidental predominante y dominante (neo-colonizadora) en el devenir global, se va olvidando la relevancia antropológica de la espiritualidad. No es que en origen y caminar no haya riqueza espiritual, es quizás el cristianismo un ejemplo de ello (aunque hoy felizmente va integrando muchas otras espiritualidades), sino que parece querer negarse esa dimensión vital que es la espiritualidad. Proponer, conocer, acoger y practicar una espiritualidad en la que la Vida sea cuidada y sea posible en el futuro, sin dudas hace posible sentar las bases de una verdadera y consistente sostenibilidad.



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