El último pueblo alguero

¿Sabías que en la Patagonia atlántica existe un pueblo dedicado a la actividad alguera? Descubrí parte de la historia del pueblo de Camarones, los orígenes de esta actividad, el trabajo artesanal del alguero y la importancia de los bosques sumergidos en los ecosistemas marinos

 

Por Uriel Sokolowicz Porta

 

Actualmente, el único pueblo dedicado a la actividad alguera se encuentra en la localidad de Camarones, en la provincia del Chubut, Patagonia Atlántica, Argentina. Desde la década de 1950, la recolección artesanal de algas se convirtió en una de las actividades económicas más importantes de la zona, dando trabajo a numerosas familias. El primer pueblo alguero, que antecede a Camarones, se originó unos kilómetros más al sur, en la franja costera denominada Bahía Bustamante. Allí nació el primer establecimiento dedicado a la recolección de algas marinas. En este pueblo, fundado por Lorenzo Soriano, inmigrante español,  vivieron más de 400 algueros con sus familias. Actualmente quienes lo visitan pueden recorrer las estructuras del pasado que funcionaban como escuela, iglesia, policía, proveeduría, galpones y las casas de sus antiguos pobladores. En el año 2017, con el cierre de esta empresa dedicada a la comercialización de algas, la actividad dejó de ser el sustento de muchas familias de la región. Sin embargo, dos años más tarde, en el pueblo de Camarones, se crea la cooperativa CRAPPMAR, fundada por recolectores de algas y pobladores locales; quienes trabajan en la recolección, el acopio y el procesamiento artesanal para su posterior comercialización.

 

¿Qué son las algas y qué papel juegan?

Las algas son organismos acuáticos esenciales para los ecosistemas marinos, ya que proporcionan alimento, refugio y sustrato a una gran variedad de especies.  Existen en una gran diversidad, desde pequeñas células, hasta enormes organismos que forman tupidos bosques sumergidos de hasta 30 metros de altura. Varias especies de peces e invertebrados colocan sus huevos en este refugio costero natural y habitan en el laberinto que componen los bosques de macroalgas. Este grupo de organismos, las algas, juega un rol vital en el ciclo del carbono y el oxígeno, ayudando a mitigar los efectos del cambio climático. A su vez, son un recurso natural renovable con múltiples aplicaciones. Se utilizan para producir alimentos, fertilizantes, biocombustibles y productos farmacéuticos.

 

Es sabido que la explotación de macroalgas presenta un interés creciente a escala mundial. Estudios recientes señalan que la explotación ha crecido exponencialmente desde la década del 50 hasta la actualidad. Esto se debe al auge de su utilización dentro de la industria farmacéutica, cosmética y alimenticia. La pregunta que muchos ambientalistas y científicos intentan responder es si la marcada reducción de bosques de macroalgas a nivel global se debe a la utilización y explotación de este recurso y/o responde a efectos del cambio climático. Lo cierto es que la disminución de la biomasa de bosques sumergidos tiene similares efectos y consecuencias negativas que la deforestación terrestre en cualquier rincón del planeta.

 

 

Los Algueros, la Ciencia y la Conservación

En las costas patagónicas algunas de las especies actualmente explotadas y con gran valor de comercialización son las macroalgas Undaria (Undaria pinnatifida), el Cachiyuyo (Macrosystis pyrifera) y el Luche (Pyropia columbina). La modalidad de cosecha varía según la especie: la Undaria y el Cachiyuyo crecen en ambientes submareales, que al ser abatidas por el viento y el oleaje se desprenden quedando depositadas en la costa o detrás de la rompiente. Por ello su modo de recolección es por arribazón, es decir recolectando los individuos que deja la marea en las orillas. Otras especies como el Luche, la cual crece en los intermareales, se cosecha arrancando sus talos durante la bajamar.

 

Es importante remarcar que la actividad alguera en la localidad de Camarones se realiza de manera artesanal y principalmente por arribazón, convirtiéndola en una actividad sustentable. Quienes llevan adelante esta tarea se han convertido en los principales guardianes de este recurso, trabajando en conjunto con científicos y vinculando proyectos de investigación en relación directa a la recolección artesanal de algas.

 

 

 

Esta actividad cuenta con una larga tradición, generando un efecto positivo tanto económico como social en la comunidad, ya que numerosas familias se dedican a la recolección de algas como medio de vida. En este sentido, la comunidad de algueros ha mantenido un vínculo intrínseco con el mar desde sus orígenes. El mar no solo representa para ellos una fuente de recursos, sino que cumple funciones simbólicas e identitarias.

 

Hoy, “ser alguero”, implica apropiarse de valores, tradiciones y saberes, que conforman una herencia única transferida generación tras generación. Ellas y ellos conforman el último pueblo alguero de la Patagonia Atlántica.



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