El ritmo ancestral de la naturaleza

El Parque Nacional Jozani-Chwaka Bay, en la isla de Zanzíbar, es un espacio protegido de unos 50 kilómetros cuadrados en el país africano de Tanzania. Es el único en esa región insular y es un sitio cargado de historia, zonas paradisíacas y especies que llevan la bandera de la conservación.

 

Por Juan Carlos Gambarotta

 

¡Zanzíbar! Durante demasiado tiempo, su nombre musical  representó al mayor puerto de tráfico de esclavos del Este de África. Más adelante, llegó a constituir uno de los mayores sitios de producción de especias del mundo. En la historia del Archipiélago de Zanzíbar, situado frente a la costa de Tanzania, se mezclan la inconmensurable crueldad de la esclavitud, los aromas del clavo de olor, canela y cardamomo, el turquesa de sus aguas y la enceguecedora blancura de sus arenas de coral.

 

Durante cientos de años, la combinación de los vientos alisios y monzones permitió la navegación a vela entre Zanzíbar y Arabia e incluso la India, lo que benefició el comercio, terminando por generar la fascinante cultura Swahili que amalgama etnias y lenguas de esos puntos tan distantes. El cultivo de las especias produjo la deforestación del bosque nativo en la mayor parte de las islas, la mayor de 86 km de largo y solamente existe un relicto que actualmente está protegido dentro del Parque Nacional Jozani-Chwaka bay.

 

El bosque Jozani se encuentra a 35 km hacia el sur del puerto e histórica ciudad de piedra, y abarca unas 2.500 hectáreas. En el parque nacional hay diversos tipos de vegetación: bosque nativo, bosque nativo con cultivo abandonado de especias, matorral y sobre la costa manglar. Entre las especies vegetales que se encuentran en él destacan la caoba roja, el sicomoro, la palma aceitera, la rafia y diversidad de helechos.

 

 

La fauna del parque nacional incluye el mono azul, especie común en África, hubo una subespecie propia de leopardo de muy pequeñas y abundantes manchitas, la cual se considera extinta desde hace años, el pequeño antílope Aders duiker (Cephalophus adersi) de llamativo pelaje rojizo, blanco y gris endémico de Zanzíbar y decenas de especies de aves.

 

Caminando por un trillo noté un movimiento en las frondas de grandes helechos, y al detenerme, por un instante pude ver a uno de los animales más raros de la región. Apareció fugazmente un ser de pelaje naranja, pardo y negro, parecido a una rata grande, pero con trompa: la rara musaraña elefante Zanj (Rhynchocyon petersi adersi).

 

Pero sin lugar a dudas, la estrella del área protegida es el colobo rojo de Zanzíbar (Piliocolobus kirkii), endémico de la isla, que es uno de los monos de pelaje más colorido de África. A diferencia de muchas especies amenazadas, es muy fácil de ver. Forma grupos y contrario a lo que es normal en los monos, éstos no se acercan a la gente para mendigar o robar fruta o caramelos. La razón es que no están adaptados a digerir azúcar, debido a que su dieta se compone básicamente de hojas y flores. Me llamó la atención que ignoraran por completo a las pocas personas que andábamos por allí.

 

Actualmente el turismo contribuye mucho a la economía de Zanzíbar. Lamentablemente, hay hoteles ocupando extensas franjas de la costa, pero al parecer, últimamente ha aumentado el interés de los turistas por visitar el bosque Jozani. Esperemos que esto no redunde en una presión más para ese tan preciado relicto, sino que sea un incentivo para restaurar otros bosques y así devolver terreno a sus especies endémicas.



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