El medio ambiente en el corazón de la sostenibilidad
La sostenibilidad solo es posible si ponemos al medio ambiente en el centro de nuestras decisiones colectivas e individuales.
Por: Francisca Cortés Solari
El consenso entre los científicos es firme: no podemos permitir que la temperatura global aumente más de 1,5 °C. Al mismo tiempo, la existencia de enormes islas de plástico en nuestros océanos —una de ellas, en el Pacífico, del tamaño de México— refleja claramente una relación desequilibrada con nuestro entorno. Sin embargo, esta realidad aún no ha sido suficiente para generar el cambio de mentalidad global que con urgencia necesitamos.
La sostenibilidad requiere una visión holística que contemple los aspectos ambientales, sociales, económicos y culturales. Pero, sobre todo, demanda una ciudadanía activa que perciba este reto no como una consigna lejana, sino como un compromiso diario, presente en nuestras decisiones tanto individuales como colectivas. En este contexto, la educación ambiental se convierte en un elemento fundamental: no solo en las aulas, sino también en nuestras costas, ciudades, comunidades y políticas.
Frente a este panorama, el Cono Sur se encuentra en una posición privilegiada. Esta región alberga algunas de las mayores reservas de agua dulce del planeta, una biodiversidad impresionante y una rica cultura profundamente arraigada en su vínculo histórico con la tierra y el mar. Además, tiene la oportunidad de liderar, de manera coherente y desde su identidad, la transición hacia un modelo verdaderamente sostenible.
Sin embargo, el tiempo es limitado. Apostar por un desarrollo que respete e integre todas sus dimensiones ya no es una elección, sino una responsabilidad ética y estratégica. Gran parte de esta transformación se llevará a cabo en los territorios. Una ciudadanía bien informada, una economía que valore el capital natural y una visión a largo plazo basada en la cultura y el conocimiento local son condiciones imprescindibles.
El momento es ahora. No se trata solo de adaptarse, sino de establecer el camino a seguir. El mundo necesita líderes valientes, con raíces y con visión. Y el sur global —por su historia, por la urgencia de la situación y por convicción— posee la autoridad moral para guiar ese camino. Pero ese liderazgo no se puede delegar ni aplazar: debe ejercerse urgente.