El llamado del corazón al mundo, un nuevo modelo para la vida

El llamado del corazón al mundo, un nuevo modelo para la vida

Del amor a la Tierra al latido propio: la Puna invita a regenerar la vida.

Por: René Calpanchay, Pueblo Atacama, Puna de los Salares, Argentina

En nuestra columna anterior, compartimos el secreto que nos susurra la inmensidad de los Andes: que la paz, para el Pueblo Atacama, es sinónimo de armonía, un eco de la vida en perfecto equilibrio. Hablamos de la coherencia entre lo que sentimos, pensamos y hacemos, el camino para recuperar esos “valores CO” de co-crear y de complementariedad con la sagrada Pachamama. Hoy, desde el corazón que late en esta tierra salina y milenaria, ese mensaje se convierte en una urgente invitación, cargada de amor andino, al mundo intelectual urbano moderno.

El mundo, tal como lo observamos desde el regazo de la Puna, se mueve a una velocidad que nos duele. Vemos a sus líderes políticos, intelectuales, empresarios y/o religiosos en el poder sumergidos en una dinámica preocupante cargada de “fanatismo”, corriendo y compitiendo unos con otros con un egoísmo que hiere profundamente el tejido de la vida. Esta lógica violenta la sana convivencia y, lo más doloroso, otorga un sentido peligroso a la vida en comunidad. Nos obliga a pensar con seriedad en la profecía de Harari: el riesgo de un suicidio colectivo de la humanidad, un acto final de traición al homo sapiens y a la Tierra misma.

El equilibrio perdido y el tesoro de la simpleza

Ante un panorama tan complejo, nos aferramos al saber más simple, pero también al más importante. Sentimos, como diría un pastor de nuestras alturas: «Si la situación es difícil, hay que empezar por lo más simple e importante».

Esa simpleza es el amor incondicional a la Tierra, al “todo a uno mismo”. Es la necesidad imperiosa de recuperar el equilibrio entre el pensar y el sentir, un equilibrio que es el pulso de la Pachamama en nosotros.

El paradigma que hoy domina, el del «pienso y luego existo», es el paradigma de la razón que nos ha llevado a creernos dueños, no hijos, de este planeta. Nos ha alejado de la intuición y de la simpleza que nos conecta con el corazón, con ese cordón umbilical que nos une a cada ser vivo, a la roca, al viento, al agua y al todo.

Nosotros, los pueblos originarios, sentimos que la clave es cambiar la lógica del flujo: no más «de afuera hacia adentro», sino «de adentro, desde el corazón que ama la vida, hacia afuera». Es desde ese amor profundo, ese respeto visceral por la Madre Tierra, que podemos contribuir a co-crear nuevos modelos de vida, de producción, de consumo y de relación que sean, ante todo, actos de amor y gratitud.

Regeneración: un abrazo de vida

Este cambio no tiene precio. Requiere un acto de profunda humildad y simpleza, un compromiso que nace en el centro de nuestro ser:

Conversar con uno mismo, con el silencio que habita en el interior.

Mirar a los ojos a nuestros hijos y sentir la responsabilidad de ser puentes de vida.

Valorar y agradecer cada interacción con los demás seres de la comunidad y del ecosistema, sabiendo que somos una sola familia.

Sentimos que solo vamos a regenerar la vida en el planeta si primero nos regeneramos nosotros mismos, sanando nuestras culturas con los valores ancestrales de la reciprocidad y el respeto. La naturaleza es nuestro espejo; si la cuidamos, nos cuidamos. Queremos vivir bien, sin resentimientos, sin perder el tiempo en buscar culpables, para dejar de hacer «más de lo mismo».

Si logramos que ese sentir, nacido del amor a la Pachamama, se potencie con la inteligencia de ustedes, tenemos la gran posibilidad de cambiar los modelos colectivos. Podremos cuidar y regenerar la vida con la ternura de quien protege a su madre, dejando a las próximas generaciones un mundo que sea, ante todo, un hogar de armonía y paz.

Desde la quietud amorosa de los Andes, nuestro mensaje al mundo es un ruego:“Antes de pensar en acumular o en competir, deténganse y sientan el latido de la Tierra en su propio corazón”.

La paz y la regeneración no se encuentran en las capitales, sino en la simpleza de nuestro propio ser y en el abrazo a la Pachamama.

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