El futuro de la estabilidad financiera

Las finanzas sostenibles como un deber en la estrategia económica de cada actor del ecosistema.

Por María Sofía Muratore.

 

Durante el mes de marzo de 2023, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) publicó su último informe sobre la crisis climática. El Informe de “Síntesis AR6: Cambio Climático 2023” resume lo sucedido en los últimos 5 años en materia ambiental, y nuevamente anuncia un estado de alarma para el planeta.

 

A través de distintos datos, los 39 científicos que redactaron el informe demuestran el aumento de la temperatura global, las emisiones de combustibles fósiles y el impacto de la crisis climática en los países más vulnerables Pero, ¿cuál es la radiografía actual y por qué preocuparse? El Informe concluye con la necesidad de realizar acciones concretas, más allá de las regulaciones previstas por los gobiernos, visto que se reivindica que el calentamiento superará los 1,5 °C durante el siglo XXI, conllevando consecuencias extremas.

 

Por su parte, Antonio Gutierrez, presidente de las Naciones Unidas, exige a los países más desarrollados repensar sus estrategias para lograr la neutralidad, y que tengan como meta alcanzar sus objetivos en 2040. “La bomba de relojería climática está haciendo tic-tac. Pero el informe del IPCC es una guía para desactivarla.; es una guía de supervivencia para la humanidad. Como muestra, el límite de 1,5 grados es alcanzable. Pero hará falta un salto cuántico en la acción climática”, establece el referente de la ONU.

 

Ahora bien…¿cuál sería el gran salto? Si bien, se pudiesen detallar tantas iniciativas como actores del ecosistema, hay una que engloba a todas ellas, que es la resignificación del sistema económico en pos de una visión no sólo más sostenible, sino también más resiliente.

 

Esfuerzos financieros de triple impacto

 

Hoy es necesario hablar de estrategias financieras basadas en principios de sostenibilidad. ¿Por qué? Porque es la forma de resolver este reto, de responder al cambio climático y la pérdida de biodiversidad, a la necesidad de regenerar ecosistemas (producto de la degradación ambiental), y de trabajar por la inclusión y equidad. Cuando hablamos de este tipo de estrategias, aludimos a inversiones de impacto con valor ASG (ambientales, sociales y de gobernanza), cuyo objetivo no es netamente el rendimiento financiero, sino la construcción de una solución sistémica que permita responder a problemáticas sociales y ambientales.

 

¿Qué significan las finanzas sostenibles? Alberto Pacheco Capella, Head de la oficina Subregional del Cono Sur del Programa de la ONU para el Medio Ambiente determina: “Son los flujos de dinero que catalizan una acción para prevenir la triple crisis planetaria de cambio climático, pérdida de biodiversidad y contaminación. Lo que estamos buscando es que a través de las finanzas sostenibles se repiense y se articule el sistema financiero, que se considera que es uno de los principales causantes de esta crisis actual. Los incentivos económicos de hoy en día no están puestos donde se necesitan. Sin embargo, sí se visualiza un cambio, atribuyendo una mayor responsabilidad a los bancos, como así también, a los mismos consumidores, que demandan mayor conciencia en productos y servicios a consumir”.

 

A su vez, agrega que en los últimos 20 años se ha quintuplicado la inversión ASG…para nada un dato menor. A su vez, Pacheco Capella señala que esta iniciativa financiera fue establecida recién en 2004 por el PNUD en Ginebra y menciona que de 2004 a 2023, los bancos ya se muestran “convertidos”, considerando que es un nuevo modelo de negocios hacia el futuro.

 
 

 

Mundo de cambios y nuevos esfuerzos

 

El mundo está cambiando, y con ello sus necesidades. Uno de los compromisos que se hizo en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es que los países más ricos deben aportar 100.000 millones de dólares estadounidenses anuales de aquí a 2025 para ayudar a los países en desarrollo a hacer frente a las crisis ambientales. Por su parte, el Banco Mundial afirma que el sector privado tiene que proveer de 1.6 trillones de dólares, para responder a una estrategia integral de finanzas sostenibles.

 

Pero, ¿cuáles son los intereses del sector financiero? Alberto afirma que hay dos cuestiones que están en el ojo de la tormenta en todo banco: “Las grandes instituciones financieras ven a la triple crisis -pérdida de biodiversidad, contaminación y cambio climático- como unos posibles riesgos a sus carteras crediticias. Por eso, tienen un afán por entender cada vez mejor el tema. No obstante, hoy se encuentran en un gran estado de madurez con respecto a la materia, lo que les permite abordar esta situación de forma más pragmática y consolidando grandes esfuerzos. A su vez, son conscientes de que hay nuevas carteras crediticias verdes (créditos, hipotecas), y tienen la obligación de establecer acciones para ser cada vez más atractivos a estas tendencias. Su demanda les exige estar atentos y activos ante esta problemática que afecta a todos”.

 

Estrategias financieras sistémicas

 

Afianzar una estrategia de finanzas sostenibles requiere, antes que nada, tres cuestiones esenciales, según el especialista: “Comprender y asumir las responsabilidades de la actividad en los tres aspectos ASG, por un lado. Por el otro, es importante analizar el contexto de la cartera crediticia, y por último, proyectar a largo plazo los impactos”. Siendo así, comenta, que la comunicación es transversal a toda estrategia, visto que permite ser una herramienta de divulgación y facilita que los bancos comprendan los riesgos, como así también, la relevancia en términos de oportunidades de las cartera crediticia verde.

 

¿Pero cuáles son las prioridades de esa estrategia? María Eugenia Oviedo, Gestora de Programas de desarrollo Inclusivo en las Naciones Unidas para El Desarrollo (UNDP) explica que lo fundamental es entender al sistema financiero como la suma de las partes, si se quiere generar la “estabilidad, escala y equidad” necesarias para una economía justa e inclusiva. A su vez, explica que para responder a dicho reto, es necesario pensar las finanzas sostenibles con una capacidad de englobar un amplio rango de oportunidades tales como: salud, protección social, vivienda, seguros, entre otros. “Actualmente, más de 2 billones de personas a nivel global no tienen acceso a servicios financieros tales como cuentas de ahorro, líneas de crédito, seguros, pagos digitales, etc. Puntualmente, las inversiones en inclusión financiera pueden ser muy rentables y a la vez, contribuir al bienestar económico de las personas. Los servicios financieros asequibles, eficaces y seguros pueden desempeñar un papel transformador al fomentar el crecimiento equitativo y promover objetivos de desarrollo vitales”. Finalmente, concluye que una estrategia de finanzas sostenibles no puede dejar de contemplar indicadores respectivos a la igualdad de género. Por ejemplo, los bonos de género pueden ayudar a dirigir inversiones que se propongan reducir las desigualdades económicas entre mujeres y hombres.

 
 

 
 

Un juego de múltiples actores

 

¿Es posible enfrentar este reto sólo con el sector financiero? La respuesta es un rotundo no. Cada actor del ecosistema es funcional para establecer una estrategia financiera sostenible.
María Eugenia comenta que es necesario profundizar en la sensibilización y fortalecimiento de capacidades de actores gubernamentales y privados. A su vez, invita a pensar qué actores privados son necesarios, abriendo la consideración de que quizás no refieren exclusivamente al concepto de empresa tradicional. “La existencia de ‘actores intermedios’ tales como incubadoras y aceleradoras de iniciativas de triple impacto, asesorías legales en la temática, certificaciones de sostenibilidad y actores que midan impacto, entre otros, es un elemento fundamental para generar las condiciones necesarias para que las inversiones sostenibles puedan florecer. A su vez, es clave avanzar en la simplificación de regulaciones y en el desarrollo de incentivos fiscales que reduzcan los costos transaccionales de este tipo de inversiones”, detalla.

 

Pero, ¿qué sucede con los gobiernos? Victoria Buscio, Asesor Principal Unidad de Gestión de Deuda del Ministerio de Economía y Finanzas de Uruguay, comienza considerando que estamos viviendo un nuevo paradigma de mayor concientización a nivel global sobre la huella ambiental y social en las estrategias de inversión. “Este cambio involucra el compromiso de los gobiernos, empresas, organismos multilaterales de crédito, bancos centrales, inversores, y la sociedad en su conjunto, ya que la articulación de todos estos actores permitirá movilizar el capital hacia inversiones verdes y de bajo nivel de carbono, en el marco de un desarrollo ambientalmente sustentable”. Esto lleva a la reflexión de Alberto, quien señala que en primera instancia, el ciudadano común es uno de los actores más presentes del ecosistema, ya que pide innovación con respecto a productos crediticios verdes. “Busca que el sistema financiero no sea sólo un negocio, sino un negocio inclusivo y que responda a la regeneración ambiental y social”.

 

En segundo lugar, destaca que la academia y la sociedad son quienes pueden producir y divulgar nuevos conocimientos. “Muchas de las teorías que han salido de ASG y de inversión responsable han salido de la academia. Por eso, es importante afianzar los términos académicos con la practicidad del sector privado para que estas dos cosas se vayan alineando”. Y para coronar, un marco normativo que regule dichas iniciativas.

 

Victoria adhiere: “En este contexto, los gobiernos están llamados a jugar un rol muy importante como impulsores, para fortalecer la respuesta global requerida para llevar adelante la agenda de desarrollo sostenible”. Pero, ¿cómo hacer transversal los aspectos ASG a una política? “Un aspecto estructural que desde Uruguay se ha incorporado en este sentido es el de internalizar los aspectos ambientales en la política económica, tal como ha sido señalado por la Ministra Azucena Arbeleche. Como ejemplo, se destaca la reciente emisión de un bono ligado a indicadores de cambio climático, basado en una fuerte coordinación interministerial. Este instrumento innovador busca generar un efecto demostrativo para el desarrollo de más vehículos financieros de impacto ambiental que, junto con las inversiones privadas, permitan completar los volúmenes necesarios para cumplir con las metas climáticas, de acá a 2030”, explica Victoria.

 
 

 

Latinoamérica en construcción verde

 

Cada región requiere de su propia taxonomía, como así también de medición de avances.
María Eugenia decide hacer hincapié en cómo construir puntos en común: “Si bien las taxonomías deben ajustarse a las especificidades de cada país, es importante desarrollar criterios comunes para garantizar la comparabilidad e interoperabilidad entre jurisdicciones, un trabajo que viene impulsando el Grupo de Trabajo de Taxonomía de Finanzas Sostenibles en América Latina y el Caribe (GTT- ALC). Asimismo, es importante avanzar en que estas taxonomías incluyan también definiciones respecto a actividades que contribuyan a metas sociales, además de las ambientales.

 

Y…¿cuál es la radiografía actual de la región? Según establece Victoria, en América Latina se han registrado importantes cambios en materia de finanzas sostenibles. “En particular, esto se ha visto reflejado en la cantidad y volumen de emisiones de bonos temáticos (verdes, sociales y sostenibles), evolucionando hacia modelos alternativos de emisiones de bonos ligado a indicadores de cambio climático, como la reciente emisión de Uruguay. Estas emisiones se han realizado tanto a nivel soberano como corporativo, así como en mercados globales y locales”, destaca. Pero, ¿qué significa en números? “A modo de referencia, en América Latina y Caribe, entre 2019 y marzo de 2023 las emisiones de deuda verde se multiplicaron por 2,4 veces, y pasaron de U$S 16.3 millones a U$S 39.2 millones, según establece un informe del BID”, agrega la especialista.

 

En materia de inversión, ¿cuál es el estado de situación? María Eugenia explica que sólo una pequeña proporción de las inversiones “verdes” totales están destinadas a América Latina. “La mayoría de los países de América Latina, así como otras economías emergentes, enfrentan desafíos para desarrollar las finanzas sostenibles vinculados a, por un lado, las barreras que enfrentan sus sistemas financieros en general, tales como el tamaño limitado de sus mercados, la volatilidad de las economías y los niveles de riesgo. Pero por otro lado, también existen dificultades vinculadas específicamente a la sostenibilidad tales como la falta de un ecosistema regulatorio y de incentivos que favorezcan las finanzas sostenibles, así como de reglas claras que prevengan el greenwashing. Es por eso que la acción coordinada de gobiernos y otros actores en una agenda común para promover las finanzas sostenibles es crucial”, concluye.

 

Por eso, sin dudas queda mucho por hacer. Sin bien, el panorama de IPCC pudiese ser desalentador, debe ser un llamado a la acción. Estamos en los inicios de un movimiento que decide quedarse, donde el sector financiero responde a negocios inclusivos, y entiende que la preocupación de las personas y los problemas ambientales no son ajenos a su cartera crediticia, sino que son su principal preocupación. Ser responsable no es un agregado, debe ser la esencia de la estrategia, y el motivo para acentuar economías verdes. Tan sólo pensar de esta forma estaría asegurando la estabilidad financiera y el futuro del planeta.



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