El derecho a decir NO

En Sudáfrica, una comunidad indígena se organiza para defender la conservación de las tierras y aguas, necesarias para preservar su cultura y vida.

 

Por Fiona Wilton

 

El mar, las playas de arena blanca y las tierras fértiles de la Costa Salvaje (Wild Coast) de Sudáfrica han florecido junto con la gente indígena Mpdondo durante generaciones. Aquí pescan y cultivan en equilibrio con la naturaleza. Y aquí, han defendido sus tierras y aguas de la colonización, el apartheid, la minería de titanio y más recientemente, de las pruebas sísmicas para la exploración de petróleo y gas.

 

Amadiba, el hogar de aproximadamente 3.000 familias en Mpondoland (también conocido como Pondoland), es el territorio tradicional del pueblo Mpondo, ubicado dentro de la región de la Costa Salvaje. Durante más de una década, dos valientes defensores de la Tierra han dedicado sus vidas a proteger sus tierras y sus aguas. Nonhle Mbuthuma es cofundadora y portavoz de un movimiento social comunitario que se formó para luchar contra una propuesta de mina de titanio a lo largo de la costa de Amadiba. Sinegugu Zukulu trabaja con una ONG que promueve la sostenibilidad ambiental y económica para comunidades indígenas a través del ecoturismo. Crecieron comprendiendo que la vida natural está entrelazada con sus vidas, y que ser activistas pondría sus propias vidas en peligro de violencia física, intimidación y posible muerte.

 

 

La construcción de la mina de titanio se detuvo, pero poco después vino la amenaza a sus aguas. En 2021, los medios avisaron sobre pruebas sísmicas frente a la Costa Salvaje para buscar reservas de petróleo y gas bajo el lecho marino. El área marina protegida de Pondoland, de unos 1.380 km2, linda con una de las costas más bellas y accidentadas de Sudáfrica. Es inusualmente rica en biodiversidad marina, un santuario importante para ballenas jorobadas y ballenas francas australes migratorias que paren en alta mar, y muchas especies de peces endémicos.

 

“Estas aguas son preciosas. Tenemos cooperativas que practican la pesca ecológica, utilizando cañas en lugar de redes que arrasan con todo. Pero el océano también es un lugar sagrado. Según nuestras tradiciones, nuestros antepasados residen en el océano. Según la Constitución de nuestro país, tenemos derecho a practicar nuestra cultura, y eso exige proteger nuestras aguas”, señala Nohnle Mbuthuma.

 

Las pruebas sísmicas incluyen la detonación del fondo marino con pistolas de aire sónico de alta potencia. Las explosiones se pueden escuchar a millas de distancia y dañan directamente el zooplancton, los huevos y larvas de peces y, especialmente, los mamíferos marinos, que pueden sufrir pérdida de audición y comunicación interrumpida, tener dificultades para localizar presas y pueden verse obligados a alejarse de los hábitats de alimentación y apareamiento.

 

Organizando a su comunidad, Nonhle y Sinegugu lograron detener las pruebas sísmicas y afirmar los derechos de la comunidad local para proteger su entorno marino. El Tribunal Supremo de Sudáfrica dictaminó que, al conceder permiso para realizar prospecciones sísmicas, el gobierno no había tenido en cuenta los posibles perjuicios para los medios de subsistencia de los pescadores locales, el impacto en los derechos culturales y espirituales de los Mpondo y la contribución de la explotación de gas y petróleo al cambio climático.

 

“Cuando se trata de desarrollo, no puedes pensar sólo en el ahora. Hay que pensar en el mañana”, concluye. Nonhle Mbuthuma y Sinegugu Zukulu han sido galardonados con el prestigioso Premio Goldman por defender los derechos culturales y espirituales de las comunidades indígenas sudafricanas, y los derechos de las personas locales para resistir el ‘desarrollo’ perjudicial. En su lugar, están promoviendo sus propias alternativas, basadas en ricas relaciones recíprocas con el ecosistema.

Más información en goldmanprize.org

 

Nonhle y su comunidad de Xolobeni participaron en la campaña We Feed The World de Gaia (wefeedtheworld.org/), fotografiada por Lindeka Qampi, que celebró a los pequeños agricultores. Nos solidarizamos con la lucha de los Mpondo para proteger sus tierras y sus aguas.

 



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