El arte de integrar

El arte de integrar

Una trayectoria entre la psicología, la música, las marcas y los negocios, marcada por la transformación constante.

Por: Yoel Steinhaus

Durante mucho tiempo pensé que mi recorrido profesional estaba hecho de caminos distintos. Psicología, música, marketing, experiencia de usuario, innovación, liderazgo. Con los años entendí que, en realidad, nunca estuvieron separados. Todos formaban parte de una misma manera de comprender, crear y transformarse.

Mi formación comenzó con la psicología. Después se fueron sumando otros mundos vinculados a las personas, las marcas, la innovación y los negocios. Siempre tuve una curiosidad bastante intensa por entender cómo funcionan las personas, los equipos, las experiencias y también las organizaciones.

Antes de que esos mundos empezaran a encontrarse, la música fue mi primera gran escuela para aprender a escuchar, combinar y crear.

Al terminar el liceo, gané una beca para estudiar en Berklee College of Music, en Boston, a partir de una maqueta musical que había enviado. Para ingresar, tenía que aprobar un examen de inglés y, al mismo tiempo, estaba armando con amigos un viaje con mochila por Europa. Elegí el viaje. Sin saberlo, también elegía aprender a moverme sin un mapa preciso y a resolver sobre la marcha.

Era una forma de viajar completamente distinta a la de hoy. No existían Google Maps ni las aplicaciones y herramientas que ahora resuelven gran parte del recorrido. Había un libro, mapas, boletos de tren, un pase ferroviario y una lista de albergues que íbamos armando para saber dónde dormir. Todo era bastante analógico y cada decisión obligaba a observar, adaptarse y seguir avanzando.

Durante algunos años toqué, compuse y participé en conciertos y festivales. No hice de la música mi profesión, pero algo de ella quedó para siempre: entender los tiempos, los tempos, los acordes y cómo distintas piezas pueden combinarse para crear algo nuevo.

Creo que emprender tiene bastante de eso: escuchar, combinar elementos diferentes, ajustar el tempo y construir algo que antes no existía.

Hace más de veinte años fundé Semark y, sin haberlo planeado, todos esos mundos empezaron a encontrarse. Semark es una agencia uruguaya especializada en activaciones, equipos comerciales, logística y ejecución en puntos de venta, con cobertura nacional. También fue el espacio en el que aquellas experiencias que parecían dispersas comenzaron a formar parte de una misma construcción.

La psicología apareció en la escucha y en el desarrollo de equipos. La música, el arte y la cultura se incorporaron a las experiencias que construimos para las marcas. El marketing y la experiencia de usuario me ayudaron a ver desde la perspectiva de quien está del otro lado. La innovación me impulsó a cuestionar lo establecido. Y el liderazgo me enseñó que una organización cambia porque las personas también lo hacen.

Esa capacidad de integrar y adaptarme se volvió especialmente importante durante la pandemia. Cuando la agencia cerró casi literalmente sus puertas, encontré en un proyecto social de ayuda una fuente de inspiración para volver a construir desde otro lugar. Ahí confirmé algo que me acompaña hasta hoy: la sostenibilidad de un proyecto depende también de su capacidad de adaptarse, encontrar nuevos sentidos y transformarse.

A lo largo de estos años me pregunté varias veces qué soy realmente: si soy el director ejecutivo (CEO) de una agencia, un músico frustrado, aunque contento porque todos los días toco un rato la guitarra, aquel jugador de fútbol que alguna vez soñé con ser o ese psicólogo que probó la práctica clínica y entendió que no era su mejor camino.

Al final, termino respondiéndome casi siempre lo mismo: “soy un poco de todo eso”.

También soy alguien que fue mutando, cambiando y adaptándose a nuevas circunstancias, y que intenta sostener lo construido sin quedarse quieto. Tal vez esa sea otra forma de integrar: reconocer lo que cada etapa dejó y permitir que evolucione. Para mí, sustentabilidad y sostenibilidad no son exactamente lo mismo: una habla de sostener; la otra, también de evolucionar.

En todo ese recorrido están mis hijos, Lucas, Clara y Maya. Son mis faros y quienes más me recuerdan que la vida no se construye solamente desde lo profesional. Ellos me ayudan a mantener unidos lo que hago y quién soy.

Si tuviera que encontrar un hilo conductor en mi historia, sería este: integrar.

Integrar personas, música, cultura, marcas, negocios, equipos y familia. Entender que cada etapa deja algo y que muchas veces aquello que parecía un desvío termina convirtiéndose en una herramienta.

Uno de mis hijos leía un libro infantil cuyo título siempre se me quedó grabado: ¡Hay que insistir!, escrito e ilustrado por la autora uruguaya Susana Olaondo.

Quizás emprender sea, en definitiva, eso: aprender, cambiar el tempo, adaptarse e insistir.

Descubrí más en: semark.com.uy.

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