Diego Haretche: pescador de formas
Por: equipo de comunicación de SEA
Crédito de imágenes: Juan Angel Urruzola (foto izquierda) y Santiago Aldabalde (fotos de la derecha)
Una práctica donde el hacer, el recolectar y el habitar se cruzan para construir sentido desde la materia y la experiencia.
Diego Haretche no trabaja desde la idea de producir objetos nuevos, sino desde algo más cercano a encontrar. Su obra aparece en ese gesto: detenerse, mirar y recoger lo que otros dejaron atrás.
Hay en su práctica una lógica que no es solo artística, sino también vital. Una forma de estar. De hacer. De repetir. De insistir.
«Soy pescador. Artesano. Consciente».
Esa definición no es una metáfora. Es una manera de entender el trabajo. Como quien lanza una línea al agua sin saber exactamente qué va a volver, pero sabiendo que el acto en sí ya tiene sentido.
Recolecta. Ordena. Agrupa.
Maderas, fragmentos, herramientas, restos. Materiales que cargan tiempo, uso, desgaste. Nada llega limpio. Nada llega vacío.
Trabaja con lo que encuentra.
En ese proceso, los objetos cambian de estado. Dejan de ser lo que eran sin perder del todo su historia. Se transforman en otra cosa, en otra lectura, en otra posibilidad.
Hay algo de pesca en eso. De espera. De repetición. De atención.
«No se trata de sacar más, sino de saber qué hacer con lo que aparece».
Su obra se mueve en ese equilibrio. Entre lo que se controla y lo que no. Entre el orden y lo orgánico. Entre lo que se decide y lo que simplemente sucede.
Las piezas se agrupan como si respondieran a una lógica interna, a un ritmo que no siempre es evidente, pero que se siente. Repeticiones, variaciones, pequeñas diferencias que sostienen el conjunto.
A veces parece geometría.
A veces parece acumulación.
A veces es solo materia insistiendo en ser mirada.
Hay también un vínculo fuerte con el hacer manual. Con el oficio. Con el tiempo que lleva trabajar con las manos. La madera, los restos, los objetos no son soporte: son lenguaje.



En un contexto donde lo nuevo suele ser lo valioso, Haretche propone otra cosa. Volver sobre lo que ya está. Recuperar. Releer. Reordenar.
«Hay que saber encontrar. Y después, dejar que eso hable».
Su obra no busca cerrar sentidos. Los abre.
No impone una lectura. La habilita.
Y en ese gesto, casi silencioso, aparece algo que permanece.