Del conflicto a la afinidad en Camerún

Del conflicto a la afinidad en Camerún

El diálogo y el intercambio de saberes abren nuevos caminos de cooperación.

Por Fiona Wilton

Crédito de fotografías y narrativa original: Christian Jitar Taku, director de Community Assistance in Development (COMAID), y la Mbororo Social and Cultural Development Association (MBOSCUDA), en Camerún.

El pueblo mbororo de Camerún ha vivido durante décadas en condiciones precarias y de marginación. Como pueblo de pastores nómadas, migraron a las tierras altas de Bamenda hace más de un siglo en busca de paz.

El código cultural de conducta de los mbororo, conocido como Pulaaku, refleja su estrecha relación con el ganado y la tierra. Las sabanas y praderas son su geografía sagrada, profundamente vinculada con su identidad y sus medios de vida basados en la cría de ganado.

Pero hoy en día son vistos como extraños en cada lugar al que llegan. Con frecuencia son maltratados, secuestrados o forzados a unirse a grupos milicianos. Gran parte de la violencia contra los mbororo apunta contra su forma de vida nómada. Los pastizales estacionales y las fuentes de agua de los que dependen también están bajo presión debido a la deforestación, al acaparamiento de tierras y a las sequías inducidas por el cambio climático.

Su situación refleja la de muchos otros seres y sistemas: desde nuestros parientes silvestres, que antes vagaban libremente y en abundancia, hasta los cursos de agua que alguna vez fluían limpios, llenos y libres.

A pesar de estas dificultades, los mbororo demuestran una resiliencia extraordinaria. Los ancianos preservan la memoria cultural a través de canciones y relatos. Las mujeres mantienen peinados intrincados, marcas faciales y prácticas comunitarias de sanación.

En los últimos años, los diálogos comunitarios y los intercambios culturales en la meseta occidental de Camerún han favorecido la aceptación de diversos modos de vida. Los círculos de aprendizaje reúnen a jóvenes para intercambiar conocimientos ancestrales y nuevas ideas, como los modelos de colaboración entre la agricultura y el pastoreo. Mediante estas prácticas, el ganado mbororo pasa la estación seca pastando en tierras agrícolas y su estiércol se utiliza como fertilizante. Esto permite mejorar el rendimiento de los cultivos y la calidad del suelo.

En medio del conflicto hay esperanza: los enfrentamientos por el uso de la tierra pueden transformarse en vínculos de cooperación entre agricultores y pastores.

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