¿Cómo no aceptar…?
El número pasado incluyó la última de mis contribuciones regulares en la Revista SEA. Cuando se gestaba la posibilidad de hacer realidad la revista, tuve el privilegio de que Victoria Pereira me invitara a tener una columna sobre “Áreas protegidas”, a lo cual accedí de inmediato. ¿Cómo no aceptar, cuando —siguiendo lo que me había pedido Victoria— debía escribir sobre mis propias vivencias en áreas protegidas de todo el mundo?
Tuve la suerte de conocer muchas áreas protegidas, pero más que nada, tuve la suerte de que en muchas de ellas no fui un visitante común, sino que pude penetrar en las realidades locales al compartir días y noches con sus guardaparques. Para mí, todas las áreas protegidas del mundo conforman —si no un sistema— al menos una red que pretende englobar la biodiversidad y todo lo que la origina.
Pero del mismo modo que hay personas que despilfarran y personas que viven en la pobreza, lo mismo sucede con las áreas protegidas: algunas “la pasan bien”, pero otras —la mayoría— sufren. Y sobre todo, sufren los guardaparques que viven y mueren trabajando en ellas. Durante mis viajes fui testigo de eso.
Nuestras vidas tienen ciclos, unos largos y otros cortos. En la mía, sin que me lo proponga, los ciclos cortos duran más o menos cinco años. Y he ahí que mantuve mi columnita escribiendo regularmente desde 2019.
Creo que SEA, a lo largo de su existencia, ha sido —y ojalá lo siga siendo por muchos años— una gran contribución a la sustentabilidad. En primer lugar, porque leyendo sus páginas, cargadas de buenos ejemplos, de inventiva y de perseverancia, es imposible no volver a creer en la humanidad: al saber de gente que, contra viento y marea, pelea y consigue hacer lo que se propone.
Me gustó, además, ser parte de una revista donde cada edición, sin caer en la simpleza, es particular e inspiradora.
Deseo que SEA llegue a muchos, muchos jóvenes, porque ellos —más que nadie— necesitan conocer ejemplos innovadores. No solamente son herederos de la sociedad injusta y desequilibrada que hemos generado, sino que tienen la necesidad de crear un “futuro colorido y alegre”. Y para ello, necesitan pruebas palpables de que el cambio radical que nuestra sociedad necesita es posible… y se está haciendo.
Y esas pruebas aparecen en cada página de SEA.
¡Hasta pronto!
Juan Carlos Gambarotta