Cecilia Mattos: incorporar la paradoja
Entre hierbas, frutas y plásticos recolectados del océano, Cecilia Mattos transforma desechos en arte, y cultiva un refugio, donde la belleza y la conciencia ambiental se encuentran, en cada plato y en cada obra.
Por: Verónica Cordeiro
En 2012, Cecilia Mattos dejó Montevideo y se mudó al balneario Las Flores. En una antigua casa, alejada de la ruta costera, abrió «Lo de Ceci», un restaurante de comida sin gluten y sabores caseros.
Su jardín es un paraíso verde con una huerta orgánica llena de hierbas como: salvia, tomillo, menta, cedrón, cúrcuma y romero. También, crecen acelgas, zapallos y tomates, según la estación. Rodeada de árboles como un ceibo centenario, ciprés calvo, sauces, frutales y palmeras, Cecilia vive en armonía con la naturaleza.
Cada día, camina por la playa recogiendo basura plástica: botellas, tapitas, bolsas y muñecas. Luego, las limpia y corta en pequeños trozos, creando mosaicos. «Siempre tengo un trabajo en proceso sobre la mesa», dice. Las mejores ideas, asegura, surgen mientras camina o nada en el mar.
El plástico, diseñado para proteger productos, termina en vertederos o en el mar, donde las mareas lo devuelven a la costa. Así como lo digital ha hecho invisible lo que consume, el plástico se ha vuelto omnipresente.
Cecilia transforma estos desechos en arte: collages, esculturas y composiciones que cuestionan nuestra era de hiperconsumo. En sus obras, el plástico cambia de significado y se convierte en un mensaje visual que invita a la reflexión.