Cambiar las reglas de juego

La suma de tecnología, innovación y experiencia son los valores de Asphodel, una comunidad de apicultores italianos que integran la tradición para desarrollar productos naturales y con la mirada puesta en el cuidado de la naturaleza.

Por Maurizio Pitzolu, fundador de Asphodel y apicultor.

 

Desde hace años se dice que las abejas están desapareciendo y que este es un gran problema, sobre todo porque son responsables de la polinización de una infinidad de plantas y, en consecuencia, son las primeras artífices de la producción de frutas y hortalizas en el mundo.

 

Siempre se acusan a los pesticidas utilizados en las plantas donde las abejas van a alimentarse y, ciertamente, no podemos decir que estos pesticidas sean buenos, de hecho, probablemente contribuyen al envenenamiento de las abejas y seguramente de todos sus productos.

 

Además, muy a menudo culpamos a la crisis climática, un fenómeno que no se debe descuidar. El calentamiento global y la crisis del agua provocan una disminución de las fuentes de alimento para las abejas y, por lo tanto, una dificultad creciente para mantenerlas quietas en un lugar sin tener que moverlas para buscar las fuentes primarias de alimentación. Otro problema son los monocultivos, que destruyen la biodiversidad y, por lo tanto, empobrecen el pastoreo y la calidad de los alimentos de las abejas, lo que dificulta su supervivencia. Pero el enemigo número uno de estas criaturas es el ácaro llamado Varroa Destructor, que mata a las abejas en un tiempo muy rápido si el apicultor no se deshace de él con química o con productos biológicos.

 
 

 

Asphodel es una comunidad de apicultores biológicos de Cerdeña, Italia, que ha empezado a juntar sus fuerzas para hacer frente a las dificultades enormes de estos últimos tiempos en relación a la agricultura, poniendo delante la naturaleza y la salud de los seres humanos, y sólo después el tema económico con una certeza: solo un pacto entre productores y consumidores puede salvar la economía en mano de las finanzas.

 

Sin embargo, desde Asphodel, creemos que el primer y más grande factor sigue siendo el mercado y les explicamos por qué. Mientras tanto, comencemos a hacer una distinción importante.

 

En el mundo de la apicultura, así como en el mundo de la agricultura en general, tenemos dos grandes sub-mundos: el llamado convencional, que se basa en una producción que admite tratamientos químicos (contra la varroa) y el uso de sustancias sintéticas (para construir las “casas” de las abejas), y el biológico que no admite nada de esto.

 

Pero tanto en el mundo de la apicultura convencional como en el de lo biológico podemos tener a quien, durante los períodos de sequía (cada vez más frecuentes por desgracia) a menudo se ve obligado a ayudar las abejas con alimentaciones artificiales (biológica si se trata de un apicultor en bio) o sustitutos como el agua y el azúcar para los apicultores convencionales.

 

Como es fácil intuir, tratar y alimentar a las abejas de manera biológica o con el néctar de las flores es más caro que los métodos convencionales, pero a menudo esta diferencia de precio no es percibida por el consumidor final que no suele conocer la diferencia entre estos métodos. Por esta razón, muchas veces el apicultor se ve obligado a ir en la dirección de la producción que le permita reducir los costos, dado que el mercado de los productos de las abejas es muy sensible al precio final: lamentablemente, el mundo de la apicultura sigue siendo un sector con pocas marginalidades y los costos representan un fuerte obstáculo para la producción de calidad, también debido a la imprevisibilidad del clima.

 

Por lo tanto, como en muchos otros ámbitos del mercado, también en el de la apicultura es muy difícil para un apicultor dirigirse hacia una producción ecológica sin la ayuda de subsidios e incentivos. Una vez más, por lo tanto, son los consumidores quienes pueden y deben cambiar antes que el clima o el trabajo de los agricultores.

 

 



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