Cambiar el algoritmo

Todos los días, nos vemos influenciados a la hora de consumir. Pero parece que algo está cambiando y las personas cada vez conocen y cuestionan más sobre sus elecciones. Todavía falta, pero nos hemos vuelto más críticos.

 

Por Eloisa Ponce de León

Felizmente, este año Fashion Revolution Uruguay fue invitado a ser parte de múltiples actividades: ferias, charlas académicas, conversatorios, universidades, escuelas, etc. Y  algo nos  sorprendió gratamente…

En el intercambio con alumnos, docentes y público en general, surgieron conceptos, análisis y cuestionamientos que nos demuestran que muchas personas están (bastante) informadas, sienten rechazo por ciertas prácticas, logran identificar el engaño de las marcas y tienen hábitos y prácticas que responden a otro tipo de consumo. Nos sorprende porque hace un tiempo teníamos que introducir algunos conceptos que ahora, mayormente, se conocen, se comprenden y aplican bien; y esto es algo que sucedió con públicos de muy diferentes contextos, edades e intereses.

 

Entonces, cuando pensamos en esto y en que algunas personas están cada vez más abiertas a conocer y aprender para generar cambios en sus vidas, nos preguntamos: ¿qué tiene que pasar para que más personas se sumen y a mayor ritmo? Si el mensaje está llegando y cambiando el comportamiento de las personas, ¿cómo podemos lograr que llegue cada vez más lejos?

 

Una estrategia puede ser motivar y contagiar a quienes nos rodean, para que cada uno “modifique su algoritmo”; no solo en redes, también los lugares que frecuentan, las personas que los influencian o las marcas que eligen. Así como las redes nos muestran más sobre los temas que entienden que más nos interesan, las recomendaciones de otros, lo que descubrimos en ferias, eventos culturales, académicos y otros espacios, nos traen otras opciones que no conocíamos, nos muestran personas con cosas muy interesantes para decir y así vamos encontrando alternativas.

 

Darnos cuenta que a muchos se les presentaron las mismas dudas y desafíos, aplaca el sentimiento de que es imposible el cambio y reduce las ganas de rendirse. Hablar directamente con quienes hacen los productos que consumimos nos lleva a un nivel de entendimiento de los procesos que nos entrena para mirar de otra manera lo que el mercado nos ofrece; nos hace más críticos.

 

Aunque puede parecer insignificante, los relatos que escuchamos, quiénes elegimos que nos “influencien”, qué fuentes de información escogemos, puede hacer que nuestros hábitos, pretensiones y “necesidades” cambien.

 

De cara a un nuevo año y en el cliché de que es el momento de elegir nuestras metas para el próximo, renovemos el compromiso de incorporar nuevos hábitos que nos acerquen a una forma de consumir más amable con el ambiente.

 

 

 

 

 



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