Biodiversidad y economía: una relación más estrecha de lo que creemos
La degradación de los ecosistemas ya no es solo una preocupación ambiental. Cada vez más evidencias muestran que también representa un riesgo para la producción, las inversiones y la estabilidad económica global.
Por: Michel Schlaifer
La pérdida de biodiversidad ya no puede entenderse únicamente como un problema ambiental. Cada vez más organismos internacionales advierten que también representa un riesgo económico y financiero.
Las empresas dependen de recursos naturales para operar: agua, energía, suelos fértiles, materias primas y polinizadores, entre muchos otros. Estos elementos forman parte de los llamados servicios ecosistémicos, es decir, los beneficios que los ecosistemas brindan a las personas y que sostienen tanto el bienestar humano como la actividad económica.
Estos servicios incluyen la provisión de alimentos, fibras y recursos genéticos; la regulación del clima, el agua y la calidad de los suelos; funciones esenciales como el ciclo de nutrientes y la fotosíntesis; y aportes culturales vinculados al paisaje, la recreación y la educación.
Sin embargo, numerosos estudios muestran que estos sistemas naturales están en retroceso. La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio ya advertía en 2005 sobre un deterioro sin precedentes de los ecosistemas a escala global. Más recientemente, la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) confirmó que la mayoría de los servicios ecosistémicos evaluados continúan degradándose.
Las consecuencias trascienden el plano ambiental. El Foro Económico Mundial estima que más de la mitad del producto bruto interno global depende de manera moderada o alta de la naturaleza. Cuando los ecosistemas se deterioran, aumentan los costos de producción, los riesgos financieros y la vulnerabilidad de empresas y economías.
Por eso, biodiversidad y economía ya no pueden analizarse por separado. La discusión también alcanza al sistema financiero. Diversos organismos internacionales impulsan nuevas metodologías para que las empresas evalúen y reporten su dependencia e impacto sobre la biodiversidad, al tiempo que promueven la eliminación de incentivos perjudiciales para los ecosistemas.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) estima que cientos de miles de millones de dólares en subsidios continúan favoreciendo actividades con efectos negativos sobre la naturaleza. Redirigir esos recursos hacia la conservación, la restauración y la gestión sostenible de los ecosistemas aparece como una de las herramientas más efectivas para revertir las tendencias actuales.
En Uruguay, la Estrategia Nacional de Biodiversidad reconoce la necesidad de identificar y reformar incentivos perjudiciales para los ecosistemas, avanzando hacia mecanismos que promuevan la conservación y el uso sostenible de la naturaleza.
La discusión ya no es biodiversidad versus economía. El verdadero desafío consiste en comprender que no puede existir una economía saludable sobre ecosistemas degradados.