Artesanos del Mar (última parte): Pescadores de anzuelo

Artesanos del Mar (última parte): Pescadores de anzuelo

Quienes lo practican reconocen que es un acto de conexión ancestral con el mar, un espacio donde la tecnología no define el éxito, un mundo donde la conexión con los ritmos naturales es el mayor capital adquirido. En las costas del Atlántico Sur, esta práctica mantiene viva una tradición que equilibra subsistencia, respeto por el ecosistema y cultura gastronómica.

En el marco de un proyecto documental que explora la vida de los pescadores artesanales en distintos puntos del mar argentino, junto a los biólogos marinos Alejo Irigoyen y Gastón Trobbiani (Proyecto Arrecife, Centro para el Estudio de Sistemas Marinos CESIMAR-CENPAT-CONICET), investigamos, registramos y compartimos parte de la vida de los pescadores artesanales.

Por: Uriel Sokolowicz

El arte del anzuelo

Esta técnica ancestral —cuyos primeros registros se remontan a anzuelos de hueso de hace 40.000 años— hoy se sigue practicando como sustento de vida. Sus herramientas y recursos son muy sencillos: anzuelos, líneas de monofilamento y embarcaciones modestas (kayaks o semirrígidos) o incluso desde la misma orilla. Saben leer las mareas, observan señales naturales, conocen detalles de los fondos rocosos donde habitan besugos, meros y corvinas.

En este tipo de pesca no hay descartes ni redes que arrasan con todo. Cada captura es selectiva, y lo que no se comercializa, alimenta a familias locales o se devuelve al mar en ese mismo momento. La jornada comienza antes del alba. Los pescadores evalúan el viento, las olas y las condiciones generales.  No necesitan instrumentos de medición; alcanza con sentir la brisa y observar el horizonte. Pero detrás de la romántica fachada hay dureza: jornadas de más de 12 horas, condiciones climáticas impredecibles y una economía precaria.

A pesar de ello, su labor sostiene un circuito virtuoso ya que transmiten saberes que son patrimonio vivo de la cultura y la identidad de cada región a la que pertenecen. Abastecen pescaderías y restaurantes locales con productos frescos de calidad. Su baja escala en la captura de peces minimiza el impacto, protegiendo especies vulnerables.

Amenazas, desafíos y horizontes

La pesca artesanal de anzuelo es resiliente, pero también vulnerable. Está amenazada por diversos factores que confluyen a que la actividad desaparezca.

Este tipo de pesca no está regulada y la falta de apoyo por parte del sector público, así como de ONGs e instituciones que destinan recursos millonarios para campañas de conservación pero no así para el fomento de las acciones humanas concretas que hacen y marcan la diferencia, es algo notorio y contradictorio.

Las operaciones de pesca con barcos de red de arrastre, en áreas costeras, por fuera de la normativa, son una de las principales amenazas que sufre esta actividad, ya que depredan las áreas de pesca artesanal.

La formación de cooperativas y grupos de gestión organizados es uno de los principales desafíos que enfrentan los pescadores artesanales. Reconocer, valorar y apoyar este tipo de economías sustentables es vital para su desarrollo y subsistencia.

Entender qué hay detrás de un plato de mar, es valorar los procesos humanos que han llevado a conseguir el alimento de manera justa y equilibrada, es reconocer el origen de su procedencia, es saber que los pescadores artesanales no solo capturan peces: tejen redes de comunidad y sustentabilidad. Apoyarlos —desde políticas públicas hasta nuestro consumo— es honrar un legado que merece perdurar.

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